Narrativa Martha Jacqueline – Letraweb https://cms.letraweb.org Blog de Literatura y Arte Fri, 15 Nov 2024 04:45:10 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://cms.letraweb.org/wp-content/uploads/2022/11/cropped-icon-32x32.png Narrativa Martha Jacqueline – Letraweb https://cms.letraweb.org 32 32 LOS MORFOMENTALES https://cms.letraweb.org/los-morfomentales/ https://cms.letraweb.org/los-morfomentales/#respond Fri, 15 Nov 2024 04:45:08 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2620 Continuar leyendo]]> Grey hizo un movimiento con sus manos, de modo que estableció un ángulo de noventa grados entre sus dedos índice y pulgar. Luego, actuó sobre el vacío, y formó una pantalla transparente. Aparecieron una serie de dígitos, que representaban lo que se conoce como el triángulo de Pascal, e hicieron especial énfasis en su relación con la secuencia de Fibonacci. Entonces, Grey aisló los números: (21-28-33-55-120-126-210-612), y los ordenó de tal modo que formaron una figura que parecía una nave espacial o una estructura química compleja, que ellos llamaban: «Teraufemos».

Grey me miró, y dijo sin apenas mover los labios:

―Es importante que recuerdes esta información, pues cuando llegue el Tiempo indicado, meditando sobre la imagen, te serán revelados los secretos del mismo, y su relación con los elementos y el cosmos. Para nosotros, el «Teraufemos» es el santo Grial del origen de todas las cosas. Es la esencia, la base aplicable a modelos más grandes en la escala del universo, a través de la cual fuerzas poderosas pueden crear y destruir la materia según sus intereses y propósitos.

Fragmento de «LOS MORFOMENTALES» perteneciente al libro de relatos: «CÓDIGO DIE» (2024)

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

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LA LUZ DE MYDRA https://cms.letraweb.org/la-luz-de-mydra/ https://cms.letraweb.org/la-luz-de-mydra/#respond Fri, 15 Nov 2024 04:37:29 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2617 Continuar leyendo]]> Debí quedarme dormido, pues cuando abrí los ojos había una niña a dos metros de mí. Aparentaba unos diez años de edad, y estaba sentada sobre el tronco de un árbol caído.

―¿Cómo te llamas? ―pregunté sorprendido mirando a mi alrededor―. ¿Estás perdida? ¿Y tus padres?

La niña se quedó pensativa e hizo un gesto como si se entendiera con una entidad invisible.

―Me llamo Maía ―contestó con una sonrisa―. Mis padres murieron en un accidente, pero no estoy sola. Edie está conmigo.

Me estremecí cuando escuché el nombre de la pequeña. Una descarga de energía me recorrió todo el cuerpo. Lo tomé como una de las señales anunciadas por la Luz de Mydra. Traté, en vano, de hallar rastros de su acompañante; pero solo estábamos ella y yo. La niña volvió a sonreír.

―Edie es invisible a ojos humanos ―dijo en tono de confidencia―. Pero puede leer el porvenir como quien ve lo que se ha ido ya.

Parece que intuyó mi actitud incrédula, pues agregó:

―Dice que la esposa de usted se llamaba, Maía, como yo… y que es una buena señal que nos hayamos encontrado.

Otro escalofrío recorrió mi cuerpo. Al instante, y aún estupefacto, di fe de su acompañante invisible o de su agudeza clarividente. La niña se levantó y se dirigió hacia mí. Palpó con suavidad mis facciones, y entonces comprendí que era ciega. Sus manos eran muy suaves y tibias.

―Me gustan las proporciones de su rostro ―indicó con aire complacido―. Es tal como me dijo Edie que sería, antes de conocerlo.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

Fragmento de «LA LUZ DE MYDRA», del libro de relatos: «CÓDIGO DIE» (2024)

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LOS PROTECTORES DE LA CRONOLOGÍA https://cms.letraweb.org/los-protectores-de-la-cronologia/ https://cms.letraweb.org/los-protectores-de-la-cronologia/#respond Fri, 15 Nov 2024 04:30:11 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2614 Continuar leyendo]]> ―Leí algo acerca de que el eje de la investigación del profesor Lugo se centraba en mostrar al mundo una significación alternativa del Diablo… ¿cree que vuestro accidente haya sido casualidad o derivado de este motivo?

―Tu intuición no te engaña, estoy seguro de que nuestro accidente no fue casualidad. Y es que en esa significación alternativa del Diablo radica todo el meollo del asunto.

―Por favor, ¿podría explicarme más a fondo lo que quiere decir?

―Cuando Ellos aparecieron, le dijeron a Ibrahim que la palabra Diablo ocultaba un significado que había sido tergiversado a través de los siglos. Le confesaron que era la palabra que escondía «a quien habrá de venir». Si haces una recombinación de letras verás que contiene las siglas ID, de identificación, y la palabra LOBA. El profesor Lugo pensaba que, para ocultar esta profecía realizada por Jano Hervé, se había tejido toda esa leyenda acerca de los hombres lobos, o sea, algo así como un arma pública de distracción. Muchos de los hechos de la historia antigua han sido solo señales, en realidad, son sucesos que aún no han ocurrido, y son una especie de trampa cronológica para cazarla.

―¿Y qué tengo que ver yo con ese asunto?

―En una ocasión, el eminente matemático John Nash dijo: “Solo en las misteriosas ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica”. Él siempre pensó que el amor es el resultado de una serie de combinaciones bioquímicas y espirituales entre dos personas. Algo así como una llave en su cerradura. Esto explicaría por qué entre tantas personas en el mundo, te enamoras y escoges una. Ahí es dónde entras tú en la ecuación. Ella está destinada a ser el gran amor de tu vida.

―No entiendo, ¿qué puede haber de significativo o peligroso en eso?

―Emanuel… lo significativo y peligroso al mismo tiempo, es que ella será capaz de dominar las tres Q: la quinta fuerza, el quinto elemento y el quinto estado de la materia. Una vez que esto suceda, será imparable, y traerá consecuencias significativas para la humanidad. Porque esto solo será el preámbulo para que conquiste al Sexto, el supremo poder. Lo que únicamente será posible con la llegada de un bebé que no puede ni deberá nacer.

Yo me quedé meditando cada una de sus palabras. Si todo eso era verdad, yo sería el causante de que dieran con el rastro de la mujer que iba a ser el amor de mi vida. Y nuestra unión ya estaba condenada de antemano con un bebé que nunca llegaría.

―¿Quiénes son Los Protectores de la Cronología? ―pregunté apesadumbrado.

―Aquellos que harán todo lo posible para que nadie cambie el curso de la Historia tal y como la conocemos. Y, a su vez, los que pueden manipularla según sus intereses y propósitos. Estoy seguro de que son los que provocaron el accidente automovilístico donde murió el profesor Lugo. Ellos monitorean constantemente toda historia antes de que salga, incluso, a la luz pública… ya sea literaria, audiovisual, o de cualquier otra índole. Y todo lo que no cumpla lo establecido para sus fines, será eliminado del camino o de la línea de Tiempo.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera
Fragmento de «LOS PROTECTORES DE LA CRONOLOGÍA», del libro de relatos: «CÓDIGO DIE» (2024)

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LOS PORTADORES DE ARION https://cms.letraweb.org/los-portadores-de-arion/ https://cms.letraweb.org/los-portadores-de-arion/#respond Fri, 15 Nov 2024 04:11:47 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2611 Continuar leyendo]]> ―¿Y qué son esas escrituras? ―pregunté al tiempo que colocaba la taza de té en la mesa de centro.

―Romàn… no tengo autorización para decirle mucho más, debe bastarle con saber que son algo así como un «Manifiesto de la Muerte».

Yo me quedé analizando sus palabras por unos segundos.

―Y el símbolo, ¿qué significa? ―pregunté con ansiedad.

―El símbolo es la expresión gráfica de Arion, un emblema celeste aún no descubierto por la humanidad. Significa «Ira Encendida». Cada vez que aparece augura cambios y transformaciones importantes en el curso del destino del género humano. Sus portadores, paradójicamente, son un canal por el que acceden esas poderosísimas fuerzas estelares; y, como dato adicional, debe saber que son perseguidos por una Orden Secreta llamada «Ariof».

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

Fragmento de «LOS PORTADORES DE ARION», del libro de relatos: CÓDIGO DIE (2024)

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LOS DIOSLAMAS https://cms.letraweb.org/los-dioslamas/ https://cms.letraweb.org/los-dioslamas/#respond Fri, 15 Nov 2024 03:57:53 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2607 Continuar leyendo]]>

Edgar sonrió.

―Mi estimado Oliver Oliveira… apuesto a que en su vida nunca había visto algo así… ―dijo en un tono de satisfacción―. ¿Alguna idea de lo que puede ser?

Me encogí de hombros, guiado por mi manifiesta ignorancia.

―Magam guarda muchos secretos, y este es uno de ellos. Eso que ve no es otra cosa que un Reloj Espacial… ―Edgar se paró a mi lado―. Los Dioslamas lo llaman TOT, siglas de «Tiempo fuera del Tiempo». Solo unos pocos contactados saben su verdadero significado. Por ejemplo, en Solfare, el número se reduce a doce, casi todos ancianos.

―¿Y por qué me lo cuenta a mí? ―pregunté asaltado por la duda.

―Eso tendría que preguntárselo a los Dioslamas. En el último mensaje de canalización, me dieron instrucciones precisas acerca de usted. Por motivos que ignoro, despertó gran interés en ellos. ―Edgar hizo una breve pausa. Sus ojos adquirieron un extraño brillo―. ¿Desea saber cuánto Tiempo le queda de vida?

Fragmento de «LOS DIOSLAMAS» perteneciente al libro de relatos: «CÓDIGO DIE» (2024)

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

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«EL LOCALIZADOR MENTAL». https://cms.letraweb.org/el-localizador-mental/ https://cms.letraweb.org/el-localizador-mental/#respond Wed, 13 Nov 2024 03:36:08 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2604 Continuar leyendo]]>

El Engastador sacó de su bolsillo un aparato diminuto llamado LM, que eran las siglas de Localizador Mental, y luego puso encima del mismo una estructura circular que recibía el nombre de Placa Rex, donde habían grabado todo lo que yo les había contado. Según mi Protector, este dispositivo, una vez leída la Placa REX, localizaba todas las mentes de ese universo donde estuviera depositada esa información.

«EL ENGASTADOR»
Novela en proceso de escritura.
(2024-)
Martha Jacqueline Iglesias Herrera

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CAMPESINOS https://cms.letraweb.org/campesinos-2/ https://cms.letraweb.org/campesinos-2/#respond Fri, 05 Jul 2024 02:40:43 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2482 Continuar leyendo]]> Relato 5to. Finalista VI Certamen Internacional de 

Relato Breve “La Lectora Impaciente”, (Gandía, España) 2009

Habían llegado cuando el sol, echado sobre los largos surcos, hacía arder la tierra. Corrían como locos, persiguiéndose, estallando en sonoras carcajadas; parecían bisagras recién engrasadas cerrándose sobre sí mismos, como si la risa hiciera saltar algún resorte oculto que doblara el cuerpo en dos hasta dejar la cabeza a la altura de los tobillos. Tenían ojos grandes y húmedos, de esos donde sobra lugar para cargar la inmensidad sin que duela la vista; pupilas improvisadas, con pocas sumas de ayer, algo de hoy y mucho de futuro. La brisa que corría, suficiente para alborotar el polvo seco y rojizo de la tierra, no lograba, al parecer, apagar el calor de sus cuerpos; tal vez por eso, sudorosos y sedientos, se dejaron caer en la gran zanja alimentada por la vieja turbina. Allí chapotearon un buen rato, mientras, a lo lejos, cerca del mangal resguardado por las cercas de púas, el guajiro dejaba el tractor y cargaba los aperos de la jornada hacia la caseta de palos entretejidos y techo de guano. A esas alturas de septiembre, casi todo el campo había sido desyerbado, solo por algunos trechos se alzaban hierbas duras y vegetaciones ajenas al cultivo.

Era en esas horas cuando dejaban de ser ella y él para volverse ellos. Contenidos en aquella suerte de poceta, forcejeaban, manoteaban, escupían y hasta buceaban en el agua turbia, percudida de naturaleza, sin otra preocupación que existir-existirse y gritar, asombrados, como si sus voces fueran un privilegio que les dispensara algún demiurgo por primera vez. Lo mojado ennoblecía los callos de sus manos, los cueros curtidos y oscurecía las pecas de la espalda que él besaba y mordía. Por momentos, parecía urgirles una necesidad salvaje de olisquearse, lo que los volvía un poco serios, quizás menos ariscos; pero luego, al descubrir sus nuevas caras, sus bocas entreabiertas, sus cuerpos insurrectos, volvían a chapotear con una furia casi indecente. Era también en esas horas, cuando aparentaban la verdadera edad: parecían seres de plata, casi negros de su reacción habitual con la intemperie; pero luego, estando juntos, alguna especie de química los volvía a su estado primigenio, como si los frotara desde adentro brillándolos hermosamente. Lejos del patronazgo del fogón, de los aperos de labranza, de las responsabilidades heredadas, padecían de esa libertad casi enfermiza. Era el momento del desquite, de gozar el entorno que les era negado cuando hacían las labores, víctimas de la subsistencia.

Ahora corrían prácticamente desnudos en dirección al mangal. Ella, sin el desgreñe propio de su diurnalidad, peinada por el agua y atemperada de tierra; delatada por el lienzo de una blusa que, sucumbida ante la humedad, entreveraba la luz de sus pezones con el mal estampado de aquellas flores silvestres. Pleno de disfrute, él se dejaba llevar, rendido ante el goce de la carne indefensa, servil a su apetencia rústica; pero, al fin y al cabo, apetencia. Jadeantes, con los pelos pegados en la piel, aterrizaron en una sombra igual de agreste. Allí se acostaron de espaldas sobre las hojas secas, uno al lado del otro, con los brazos abiertos y las miradas perdidas, jugando a encontrar algún azul entre las ramas altas y sometidas por los frutos. Era fácil saciar las apetencias, bastaba con servirse de los mangos desperdigados por el suelo. A golpe de dientes arrancaban las cáscaras, las chupaban, roían; y luego, con grosero entusiasmo, comían la drupa carnosa que les chorreaba amarillo y les dejaba hilachas entre dientes. Ebrios de yodo, crecidos, se lamían resueltos; parecían gatos fregándose el pelaje, como si de repente solo importara estar límpidos.  

Así se fueron arrullando hasta quedar enroscados uno sobre el otro. Las manazas de él, espoleadas por el blando olor a hembra, atizaban el sexo abierto y húmedo de la campesina que no ofrecía resistencia; se dejaba hacer, presa de una emoción excepcional, palpitante y arqueada sobre sus caderas. Ninguna sombra era suficiente para agasajar el sofoco ahogado de la tierra, que los hacía revolverse en busca de un palmo de frescor; acaso, sobre el revoltijo de hojarasca que ella, inconsciente, arrollaba con su pelo en cada nueva sacudida. Iluminados de contemplación, entre un murmullo de fronda, roncos jadeos y sonidos guturales, las uñas de ella —descarnadas de partear los campos—, resbalaban por la espalda de él con la misma disposición que la lengua reptante se hundía en sus centros y acariciaba sus bordes de isla invicta. Septiembre se desdoblaba del otro lado del hallazgo. Atrás, las parihuelas con el tabaco al lomo, los estragos de la calderería, las yuntas de bueyes, los normadores y los carreteros avasallados de cultivos. Atrás el atrás que nacía un ahora, llovido de un sudor agrio y espeso, que podría aparentar cualquier sudor común, sino fuera porque era el sudor de tenerse.

Emperezados por la entrega, quedaron quietos, desnudos, abandonados a un silencio que parecía resudar palabras, como si enalteciera el temple irremediable de la complacencia. Ahora el campo era otra cosa, transcurría sin tiempo, detenido en la verdecida de sus quebradas y yugos; noblemente derramado en su perfil de vastedad; resabioso como llama de fragua; viajado por brisas olorosas de resinas, talabarteros y estiércol. Objeto de nuevas atenciones, se dispensaban mimos, sonrisas; intentos de palabras nuevas, algunas, con sentido solo para ellos. Palpaban sus carnes frescas de latidos; y luego, como asaltados por la duda de que lo sucedido fuera un sueño, comenzaban a esconderse, solo para volver a buscarse en la certeza del hallazgo y sentir la agitación previa a los descubrimientos. Así se fueron alejando, lanzando discursos a los árboles; imitando las poses de las piedras, de los troncos, de las cosas; dejando las ropas al garete, olvidadas por algún rincón. 

Se detuvieron a unos metros de la caseta del guajiro, entre el tractor y la cerca de púas, acallando de golpe sus risas para no ser sorprendidos por ojos imprudentes; el viejo, en su cocina de carbón, hacía la colada de café al modo antiguo, a manga. Como tonificados por el aroma que les llegaba de lejos sus rostros adquirieron nuevos bríos; parecían niños a punto de urdir alguna travesura; quizás, el hecho de saber a un tercero cerca de sus desnudeces los hacía presa de una excitación sublime.

Apostantes, como inyectados de riesgo, ella asumió el desafío de mover la máquina de rascar la tierra. Trepó por las grandes ruedas, ágil y segura; no tanto porque supiera lo que hacía, sino por demostrar su suficiencia. Con el pulso firme giró la llave, y bramó un rugido ahogado de motor, seguido de un brusco movimiento que la devolvió hacia atrás; allí, donde estaba él, con los brazos abiertos, delante de la cerca que hincaba sus púas en el tronco de almácigo. Entonces volvió el rostro sonriente, como excusándose. Él también le devolvió una sonrisa, breve. Por un instante, no comprendió la mirada de ella, aquella mirada silenciada de un brillo diferente: con mucho ayer, falta de hoy y nada de futuro; como si, de repente, los ojos se le hubiesen vuelto pequeños y secos, desprovistos de lugar para cargar la inmensidad. Temblorosa, lo vio cerrarse sobre sí mismo, estallando en silencio. Bajó del tractor tropezándose con su propia prisa, majando sus visiones con torrentes de lágrimas, aterrizando en la tierra sobre sus rodillas, hurgando, besando, zarandeando entre gritos enmudecidos el cuerpo del hombre para arrancarle un latido. Luego quedó allí, inmóvil, llena de él entre sus piernas, cuando el sol abandonaba los surcos. ♦

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

Pintura: Jorge Arche, Primavera o Descanso

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LA VISIÓN https://cms.letraweb.org/la-vision/ https://cms.letraweb.org/la-vision/#respond Thu, 15 Feb 2024 08:49:19 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2319 Continuar leyendo]]>

A mi bisabuela Anastasia Petrovna.

—Mírame solo cuando dejes de verme —murmuró el Maestro al tiempo que se incorporaba y, desde su estatura, con los brazos cruzados, observaba los ojos de la niña parada en la orilla del río.

—Tupayachi, ¿es usted el Maestro Tupayachi? —preguntó Anastasia Petrovna desde las arenas en sombras.

—Yo seré —respondió el Maestro sin dejar de mirarla.

Una sensación de alegría se reflejó en el rostro de ambos; se descubrían por primera vez y, sin embargo, parecían estarse esperando con satisfecho cumplido, como recién salidos del misterio de las apariciones.

—Maestro… ¿cuántos años me lleva? ―interrogó la niña.

—500 años, hija mía —afirmó mientras cogía algo de su bolsa—. ¿Ves esta pipa?

—¡Yo sé quién lo ha matado Maestro Tupayachi! —exclamó Anastasia Petrovna apenas sin oírlo mientras se arrodillaba frente a él.

El Maestro sonrió.

—Quiero que la tengas… —dijo el anciano a la vez que colocaba la pipa en sus manos―. Llegará el día en que habrás de merecer, y entonces comprenderás que el conocimiento a veces es tan ciego como la ignorancia.

—Serán vencidos sus enemigos, yo se lo juro, Maestro.

— Juchuy allpa, sumaq allpa… Hazte amiga del viento y de los ríos imposibles. No disputes a nadie su espacio de existir. Y no dejes nunca de recoger armonías del aire ―le aconsejó.

—¿Cuándo volveré a verlo Maestro Tupayachi?

—Cuando observes sabiendo todo lo que es y todo lo que ha sido.

—¿Se negará al entierro, Maestro?

El Maestro cerró los ojos por un breve instante y se quedó en silencio. Parecía estar escuchando, comprendiendo los susurros del viento. Sin dolerse, como si no percibiera lo cerquita de la muerte, igual que obedeciendo un mandato de siglos, respondió:

—En las faldas del Cerro recomenzaré mi lucha y nadie habrá de callarla.

—Respire, Maestro… respire sobre la Tierra limpia. Cuando yo deje mi niñez, iré a buscarlo ―dijo Anastasia Petrovna.

Se oyó el eco de la voz disolviéndose entre los sobresaltos del agua. ¿El viento se detuvo?

El viejo Maestro dejó de fumar y, como si regresara del tiempo sin tiempo, acalló su visión extrayéndola en el momento justo, intacta, para que no se le fuera a malograr en su recuerdo.

Luego… sintió un bramar como de tempestad.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera
APUNTES DEL CUADERNO: «WENU KUSHE»

Pintura de Lidia Wylangowska

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SOBRE CAPARAZONES DE SHIRÚI https://cms.letraweb.org/sobre-caparazones-de-shirui/ https://cms.letraweb.org/sobre-caparazones-de-shirui/#respond Thu, 15 Feb 2024 06:17:41 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2316 Continuar leyendo]]> Llegado el momento, con el rostro enrojecido por el esfuerzo, el brujo acomodó el cuerpo de la mujer sobre los caparazones rugosos de los shirúi. Cuesta abajo, hacia la encrucijada del Pazco, cerca del Campo de los Muertos, las noticias iban y venían.

Sonajeando con una güira seca, Pelé comenzó a moverse en círculos alrededor de ella al tiempo que entonaba el canto:

Koyway kamakoq werakocha
Nokapaq kasganta
Muchuyrispa
Manaraq hatun llakita tarpushaqti
Yawamuywan
nispa

Fortalecida su potencia de mirar, y entre un humo de tabaco viejo, decidió que ella, a pesar de su avanzada edad, viviera para procurarse descendencia. Luego cogió un cuchillo y lo calentó al fuego.

—Hay que limpiar la sangre —murmuró mientras se hincaba de rodillas sobre un tronco grueso y cortaba la piel amoratada del tobillo de la mujer envuelta en fiebres.

Luego, con sumo cuidado, chupó y, apretando firme, escupió el veneno. Alzándose, por los caminos del adormecimiento, una mariposa amarilla, en una espiral de retroceso, sobrevoló los batientes ennegrecidos de la puerta del traspatio.

Distraído de sus reflexiones por los quejidos y la voz quebrada de la hembra, se dejó caer a su lado remembrando la boca de la cueva donde creyó respirar de alivio, los vientos asediados por lluvias que cruzan los altiplanos y hasta las cerrazones de los valles que envían sus existencias a través del enigma de todos sus secretos.

—Los dos lo vimos, Pelé —dijo la mujer en tono de reproche.
—Más allá de nosotros llueve todavía el agua triste de los muertos de sed ―apuntó el brujo sin mirarla.
—Lo que me debilita son estas visiones ―se quejó ella.
—Lo que te debilita es no llegar cuando tenías que llegar ―le reprendió.
—Si ya moriste de niño con tu abuelo… ¿por qué me salvas?
—No bajes tus defensas… mujer —arrulló el hombre mientras encendía las velas apagadas.

La sombra del brujo creció sobre la pared del fondo, hacia el sur. Allí, donde los niños tiraban las monedas de cobres viejas, cantando como adultos. La voz, fuera de la garganta, se ahogó en un gemido cargándose de ímpetus por las tablas astilladas del rancho.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera
APUNTES DEL CUADERNO: «WENU KUSHE»

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OPERACIÓN CANGURO https://cms.letraweb.org/operacion-canguro/ https://cms.letraweb.org/operacion-canguro/#respond Sun, 07 Aug 2022 17:03:00 +0000 Continuar leyendo]]>
ESTOFADO DE ZORROS 


Nathaniel Granville dedicó gran parte de su vida a levantar Fox Corporation, que ahora era el conglomerado de “Estrategia Online” más grande del país. A pesar de la magnitud de su alcance, era una compañía que trabajaba la mayor parte del tiempo en las sombras, con clientes muy selectos: fuentes privadas y del gobierno en todas partes del mundo. A ojos de la sociedad en general era una empresa encargada de producir software para el sector industrial. Gran número de ordenadores, unos cuarenta empleados –escogidos minuciosamente y comprometidos con la discreción de su trabajo- constituían algunas de sus principales características entre las que se incluían, además, el robo de la identidad digital de miles de portales y sitios web cuyas acciones eran imposibles de rastrear. Para asegurar la confiabilidad cliente-empresa utilizaban técnicas y sistemas criptográficos intuitivos-cuánticos. Fox Corporation, objetivamente, no era más que humo y espejos, un grupo de presión que implementaba funcionalidades que todavía no existían. Su función principal consistía en plantear las mejores estrategias para descubrir los secretos más protegidos de todo el orbe.

Sentado en su mesa de trabajo, Nathaniel Granville tomó la postura de un investigador que acaba de hacer un gran hallazgo. Tenía ante sí el expediente “Operación Canguro”. Según los últimos datos actualizados por los analistas, su estrategia: “zorros en línea”, había arrojado una luz al final del túnel dando al fin con resultados muy satisfactorios. El programa espía había detectado (en doce sitios trampa), en el transcurso de una semana, el uso de las palabras claves: “Ulrick Des Reuch” y “Exchiridion”, por parte de usuarios llegados de diferentes partes del planeta: uno proveniente de Londres de la firma Buterfly Group, otro de una casa residencial en Polonia y el último proveniente de España, más específicamente de la Catedral de Mallorca. Luego de lanzar el software de reconocimiento personal: “Fox identification”, no hubo dudas de que se trataba indistintamente de un hombre y dos mujeres. Granville sopesó con mucho cuidado la información que acababa de recibir. Tenía un particular interés por este caso específico. Interés que venía respaldado por un cheque de siete cifras suministrado por un cliente no habitual, para que localizara un antiguo ejemplar del siglo XV, único en su condición, donde venía encriptado el mensaje de una filosofía oculta llamada: Exchiridion. El libro había sido escrito por un autor desconocido llamado: Ulrick Des Reuch. Su intuición le decía que cada vez estaba más cerca de conseguir resultados palpables. Nathaniel ordenó a los especialistas que le entregaran un informe con la vida y obra de cada uno de los individuos que hurgaban en el tema. Pasada media hora tenía sobre su escritorio tres cuartillas con los datos más significativos de cada uno.
Nathaniel Granville suspiró satisfecho. Miró el reloj de su laptop. Era ya avanzada la hora. Sobre la ciudad de Manhattan caía la noche. En sus 55 años, era la segunda vez que tomaba un caso de su mano. La primera vez había sido un encargo de veinte mil millones de dólares para la creación de una estrategia que permitiera localizar e incautar un arma cibernética creada por la CIA: Weapon Mind.
El propósito de dicha arma había sido el ataque al nuevo gasoducto transiberiano que debía llevar gas natural desde los yacimientos de Urengoi, en Siberia, a través de Kazajstán, Rusia y Europa oriental hasta los mercados de divisas de América del Norte. El software defectuoso, objetivo de Weapon Mind, tenía como meta descomponer el sistema del gasoducto luego de recibir una orden dada desde el exterior. El resultado fue una explosión, digna de aparecer en los anales de la historia, que trajo como consecuencia el colapso de la economía de las partes implicadas y grandes beneficios para Occidente.
Granville se levantó del asiento reclinable y observó a través del cristal ahumado, de la imponente oficina, el edificio Empire State iluminado por una luz azulosa. También vio su propio reflejo en el vidrio y concluyó, luego de una mirada escrutadora, que a pesar de las tantas horas de desgaste emocional e intelectual aún conservaba su atractivo. Sabía que gustaba a las mujeres, pero su vida sólo giraba alrededor de Fox Corporation, salvo cuando se permitía alguna aventura ocasional. Los retos de la Compañía eran un aire más que suficiente donde respirar y sentirse vivo.
Pasados unos instantes, volvió a fijar los ojos sobre el expediente “Operación Canguro”. Había llegado el momento de pasar a la segunda fase: “Ojos sobre el terreno”. Ya se le hacía la boca agua al pensar en su estofado de zorros. Pero… para comer, primero, había que cazarlos.
Martha Jacqueline Iglesias Herrera 

Sistema criptográfico intuitivo-cuántico: Criptografía que se basa en el empleo de un algoritmo donde bloques de palabras comunes se organizan virtualmente con una clave intuitiva como en un estado cuántico específico. (Con el fenómeno del entrelazamiento cuántico, dos o más objetos pueden conectarse de tal manera que lo que le suceda a uno afecte instantáneamente al que esté vinculado). De esta forma conjuntos de palabras entrelazadas pueden ser modificadas de modo que cambien de significados de una manera cíclica.

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