{"id":678,"date":"2021-03-27T22:00:00","date_gmt":"2021-03-27T22:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/cms.letraweb.org\/pedro-paramo-por-juan-rulfo\/"},"modified":"2021-03-27T22:00:00","modified_gmt":"2021-03-27T22:00:00","slug":"pedro-paramo-por-juan-rulfo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cms.letraweb.org\/en\/pedro-paramo-por-juan-rulfo\/","title":{"rendered":"PEDRO P\u00c1RAMO por JUAN RULFO."},"content":{"rendered":"
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Breve nota sobre el autor<\/span><\/b><\/u><\/span>:
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Juan Rulfo (1918-1986) est\u00e1 considerado entre los grandes renovadores de la narrativa hispanoamericana del siglo XX.<\/span><\/span><\/span><\/div>\n

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De formaci\u00f3n autodidacta, trabaj\u00f3 como guionista para el cine y la televisi\u00f3n.
En 1983 recibi\u00f3 el premio Pr\u00edncipe de Asturias de las Letras.<\/span><\/span><\/span><\/div>\n

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Sobre la obra<\/span><\/b><\/u><\/span>: Es una novela donde el autor desaparece y deja a sus personajes en una estructura construida de silencios, escenas cortadas, rompiendo el tiempo, mientras se entretejen realidad y alucinaci\u00f3n. El lector es quien deber\u00e1 llenar estos vac\u00edos en una trama disparada en m\u00faltiples direcciones, en un ambiente de soledad, murmullos, fatalismo y mitolog\u00eda. Af\u00edn al realismo m\u00e1gico. <\/span><\/span><\/span><\/div>\n

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Comienza cuando Juan Preciado, en el lecho de muerte de su madre, promete ir a buscar a su padre, un tal Pedro P\u00e1ramo: \u00abEl olvido en que nos tuvo c\u00f3braselo caro\u00bb<\/i><\/b> le dice ella, y Juan parte a ese pueblo m\u00edtico situado en la boca del infierno: \u00abHay all\u00ed, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el ma\u00edz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, ilumin\u00e1ndola durante la noche\u00bb.<\/i><\/b> Es aqu\u00ed, donde se tejer\u00e1 la historia de deseos y pasado, de murmullos y fantasmas, que abarca desde mediados del XIX a las revueltas cristeras de comienzos del siglo XX. <\/span><\/span><\/span><\/div>\n

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Este fragmento pertenece al pr\u00f3logo de la edici\u00f3n por Jorge Volpi: <\/span><\/span><\/span><\/div>\n

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\u00abA Juan Preciado le parece que las voces de los difuntos que va encontrando a su paso son como rumores y murmullos, pero cuando \u00e9l nos los comunica ya ha pasado a formar parte de la n\u00f3mina de fantasmas que lo rodean. Empe\u00f1ado en rastrear la verdad, Juan Preciado pagar\u00e1 su osad\u00eda con su \u00fanica herencia: la vida\u00bb. <\/span><\/span><\/span><\/div>\n

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<\/span><\/b>FRAGMENTO:<\/span><\/b><\/span><\/span><\/div>\n

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<\/a>(…)
-Este pueblo est\u00e1 lleno de ecos. Tal parece que estuvieran cerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de re\u00edr. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes. Pienso que llegar\u00e1 el d\u00eda en que estos sonidos se apaguen.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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Eso me ven\u00eda diciendo Damiana Cisneros mientras cruz\u00e1bamos el pueblo.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-Hubo un tiempo que estuve oyendo durante muchas noches el rumor de una fiesta. Me llegaban los ruidos hasta la Media Luna. Me acerqu\u00e9 para ver el mitote aquel y vi esto: lo que estamos viendo ahora. Nada. Nadie. Las calles tan solas como ahora. Luego dej\u00e9 de o\u00edrla. Y es que la alegr\u00eda cansa. Por eso no me extra\u00f1\u00f3 que aquello terminara.\u00bb<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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S\u00ed -volvi\u00f3 a decir Damiana Cisneros-. Este pueblo est\u00e1 lleno de ecos. Yo ya no me espanto. Oigo el aullido de los perros y dejo que a\u00fallen. Y en d\u00edas de aire se ve al viento arrastrando hojas de \u00e1rboles, cuando aqu\u00ed, como t\u00fa ves, no hay \u00e1rboles. Los hubo en alg\u00fan tiempo, porque si no \u00bfde d\u00f3nde saldr\u00edan esas hojas?\u00bb<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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Y lo peor de todo es cuando oyes platicar a la gente, como si las voces salieran de alguna hendidura y, sin embargo, tan claras que las reconoces. Ni m\u00e1s ni menos, ahora que ven\u00eda, encontr\u00e9 un velorio. Me detuve a rezar un padrenuestro. En esto estaba, cuando una mujer se apart\u00f3 de las dem\u00e1s y vino a decirme:<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-\u00a1Damiana! \u00a1Ruega a Dios por m\u00ed, Damiana!<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-\u00bfQu\u00e9 andas haciendo aqu\u00ed? -le pregunt\u00e9.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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Entonces ella corri\u00f3 a esconderse entre las dem\u00e1s mujeres.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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Mi hermana Sixtina, por si no lo sabes, muri\u00f3 cuando yo ten\u00eda 12 a\u00f1os. Era la mayor. Y en mi casa fuimos diecis\u00e9is de familia, as\u00ed que hazte el c\u00e1lculo del tiempo que lleva muerta. Y m\u00edrala ahora, todav\u00eda vagando por este mundo. As\u00ed que no te asustes si oyes ecos m\u00e1s recientes, Juan Preciado.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-\u00bfTambi\u00e9n a usted le avis\u00f3 mi madre que yo vendr\u00eda? -le pregunt\u00e9.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-No. Y a prop\u00f3sito, \u00bfqu\u00e9 es de tu madre?<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-Muri\u00f3 -dije.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-\u00bfYa muri\u00f3? \u00bfY de qu\u00e9?<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-No supe de qu\u00e9. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace. \u00bfDe modo que muri\u00f3?<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-S\u00ed. Quiz\u00e1 usted debi\u00f3 saberlo.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-\u00bfY por qu\u00e9 iba a saberlo? Hace muchos a\u00f1os que no s\u00e9 nada.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-Entonces \u00bfc\u00f3mo es que dio usted conmigo?-…-\u00bfEst\u00e1 usted viva, Damiana? \u00a1D\u00edgame, Damiana! Y me encontr\u00e9 de pronto solo en aquellas calles vac\u00edas. Las ventanas de las casas abiertas al cielo, dejando asomar las varas correosas de la yerba. Bardas descarapeladas que ense\u00f1aban sus adobes revenidos.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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-\u00a1Damiana! -grit\u00e9-. \u00a1Damiana Cisneros!<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n

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Me contest\u00f3 el eco: \u00ab\u00a1… ana… neros…! \u00a1… ana… neros…!\u00bb.<\/span><\/i><\/span><\/span><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Breve nota sobre el autor: Juan Rulfo (1918-1986) est\u00e1 considerado entre los grandes renovadores de la narrativa hispanoamericana del siglo XX. De formaci\u00f3n autodidacta, trabaj\u00f3 como guionista para el cine y la televisi\u00f3n.En 1983 recibi\u00f3 el premio Pr\u00edncipe de Asturias de las Letras. Sobre la obra: Es una novela donde el autor desaparece y deja<\/p>\n