{"id":1070,"date":"2014-04-24T21:57:00","date_gmt":"2014-04-24T21:57:00","guid":{"rendered":"https:\/\/cms.letraweb.org\/no-sin-mi-kuba\/"},"modified":"2023-04-12T18:45:51","modified_gmt":"2023-04-12T18:45:51","slug":"no-sin-mi-kuba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cms.letraweb.org\/en\/no-sin-mi-kuba\/","title":{"rendered":"NO SIN MI KUBA"},"content":{"rendered":"
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Alacr\u00e1n<\/span><\/b>, cabizbajo, infl\u00f3 sus pulmones con cierto aire de a\u00f1oranza que, en verdad, parec\u00eda un soplo de tristeza a juzgar por el rictus incontrolado de su cara. Con la cuchilla china, cogida de rev\u00e9s, golpe\u00f3 con el canto la carne hasta ablandarla; luego, calent\u00f3 el wok, y en tres cucharadas de aceite ech\u00f3 la cebolla y los hongos negros previamente cortados en cuadritos. Debajo de la bata blanca y el delantal azul llevaba un pantal\u00f3n de un verde olivo gastado, un zambr\u00e1n ruso con funda para pistola (pero vac\u00edo) y una camisa de camuflaje tambi\u00e9n descolorida. Calzaba botas del ej\u00e9rcito, como tres puntos mayor, que correg\u00eda con dos pares de medias gruesas y ajustando los cordones al m\u00e1ximo permisible. A ciencia cierta, no era el uniforme reglamentario; pero desde que Kuba <\/b>se perdi\u00f3, el administrador, en nombre de una antigua consideraci\u00f3n, se hac\u00eda el de la vista perdida. <\/i><\/span><\/div>\n
A pesar de no haber pasado ninguna escuela, nadie tan ingenioso ni eficiente como \u00e9l en el arte de la cocina. Ciertas habilidades en la conquista del paladar y del buen gusto, le valieron la bien merecida fama del prestidigitador de los arroces fritos. Era, por as\u00ed decirlo, la columna vertebral del Akelarre: el mejor restaurante, entre peque\u00f1as fondas, del barrio chino. Hab\u00eda prestado sus servicios por m\u00e1s de treinta a\u00f1os; y estaba, por as\u00ed decirlo, emparentado con el marco rojo de aquella ventana, orientada al este y \u00fanica abertura del recinto. Ella lo significaba, era el testigo mudo de todos sus descansos. En cierto modo, se habitaban mutuamente. \u00c9l lo sab\u00eda, por eso nunca le falt\u00f3 a su vano. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de aquella vista sin sus ojos? \u00bfO de sus ojos sin la vista?<\/i>Necesitaban habitarse para justificarse mutuamente. Visto desde afuera, hac\u00edan un cuadro \u00fanico: hombre acodado, fumando, mirando hacia el levante. Desde all\u00ed conoci\u00f3 la ciudad en sus zonas m\u00e1s \u00edntimas, incluso, cuando la muy diabla simulaba estar perdida. Tambi\u00e9n vio avejentarse las paredes, los muros; y supo que a pesar de los tantos kil\u00f3metros a que distaba el mar, el viento pod\u00eda cargar toneladas de sal en su regazo. S\u00ed, estaba convencido de que solo el salitre mord\u00eda con tal furia el asfalto, lo duro, de aquella forma<\/i>. Las tendederas de las azoteas vecinas le ofrec\u00edan un espect\u00e1culo de colores grato a la vista, se abstra\u00eda en aquellos capoticos de beb\u00e9, baticas de ni\u00f1as, pantalones, vestidos\u2026 que ondeaban indistintamente prendidos de los palos de metal. Pero, a veces, miraba con tristeza como una brisa hostil, que surg\u00eda sin motivo aparente, los descolgaba y los mandaba lejos perdi\u00e9ndolos en el m\u00e1s all\u00e1.<\/i> Y es que aquellos prendedores de metal no ten\u00edan la fuerza suficiente para sujetarlos. En cierto modo, todo pas\u00f3 a un segundo plano la tarde que la descubri\u00f3 tirada all\u00ed, toda cubierta de sangre, entre cartones y peri\u00f3dicos del tacho de basura. Alacr\u00e1n no entend\u00eda como alguien pod\u00eda abandonar a una cachorrita as\u00ed, indefensa, a tan triste suerte.<\/i> Ten\u00eda forma de caim\u00e1n, por eso la llam\u00f3: Kuba<\/b>, como la isla: estrecha hacia la cabeza, larga en el centro y m\u00e1s abultada en las ancas.<\/i> Pero, su estado era tan deplorable que los pron\u00f3sticos auguraban que resistir\u00eda, a todo tirar, no m\u00e1s de una semana.<\/i> Bast\u00f3 mirarla a los ojos para que Alacr\u00e1n sintiera que ten\u00eda que luchar por ella; que val\u00eda la pena pelearla, con u\u00f1as y dientes, hasta arrancarla de aquel destino, al parecer, inexorable.<\/i> A\u00f1os despu\u00e9s, todos constatar\u00edan que ella estuvo a la altura de su sacrificio. Su ladrido, el m\u00e1s fuerte; su fidelidad, como ninguna. Todo un ejemplo de camarader\u00eda y orgullo inseparable. All\u00e1 se ve\u00edan por toda la ciudad, el uno para el otro: un dueto heterog\u00e9neo y bien logrado. <\/span><\/div>\n
Pero hoy, Alacr\u00e1n le falta al vano. Nada lo enmarca. No hay ojos para mirar la vista. Con manos temblorosas revuelve la cebolla y los hongos, ahora, achicharrados. La ciudad es\u2026 no sabe\u2026 se mueve como ausente. No puede o no quiere recordar el momento en que Kuba se perdi\u00f3.<\/i> \u00bfEra un d\u00eda de sol? \u00bfDe lluvia? \u00bfDe oto\u00f1o?<\/i> Alacr\u00e1n cansado de esperar, sale ah\u00ed, al tacho; revuelve los cajones, los frascos inservibles; hurga, escarba entre la hierba. Dentro del Akelarre una peque\u00f1a explosi\u00f3n hace que la cocina arda. Por un momento, ve el fuego lamiendo las paredes, las puertas, extendi\u00e9ndose a las fondas y abrasando los \u00e1rboles. Pero intuye que ella est\u00e1 all\u00ed, escondida, oculta por miedo a su rega\u00f1o. Le silba suave\u2026 despu\u00e9s un grito fuerte, un alarido que es apenas un siseo en medio de la muchedumbre atormentada. Alguien viene a llevarlo. \u00c9l se resiste. Siente el calor ardi\u00e9ndole en la sangre. Ahora m\u00e1s consciente la piensa entre las llamas, perdida para siempre. <\/i>Su voz se ahoga, le grita por su nombre: una, dos, tres veces\u2026 Intentan detenerlo, golpea, se encorva, forcejea entre los tantos brazos que logran arrastrarlo; mientras, con ojos azorados, no deja de vocear: \u00a1No sin mi Kuba!… \u00a1No\u2026! \u2666<\/i><\/span><\/div>\n
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Martha Jacqueline <\/i><\/span><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Alacr\u00e1n, cabizbajo, infl\u00f3 sus pulmones con cierto aire de a\u00f1oranza que, en verdad, parec\u00eda un soplo de tristeza a juzgar por el rictus incontrolado de su cara. Con la cuchilla china, cogida de rev\u00e9s, golpe\u00f3 con el canto la carne hasta ablandarla; luego, calent\u00f3 el wok, y en tres cucharadas de aceite ech\u00f3 la cebolla<\/p>\n