WENU KUSHE – Letraweb https://cms.letraweb.org/en Blog de Literatura y Arte Thu, 15 Feb 2024 08:49:21 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://cms.letraweb.org/wp-content/uploads/2022/11/cropped-icon-32x32.png WENU KUSHE – Letraweb https://cms.letraweb.org/en 32 32 LA VISIÓN https://cms.letraweb.org/en/la-vision/ https://cms.letraweb.org/en/la-vision/#respond Thu, 15 Feb 2024 08:49:19 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2319 Continuar leyendo]]>

A mi bisabuela Anastasia Petrovna.

—Mírame solo cuando dejes de verme —murmuró el Maestro al tiempo que se incorporaba y, desde su estatura, con los brazos cruzados, observaba los ojos de la niña parada en la orilla del río.

—Tupayachi, ¿es usted el Maestro Tupayachi? —preguntó Anastasia Petrovna desde las arenas en sombras.

—Yo seré —respondió el Maestro sin dejar de mirarla.

Una sensación de alegría se reflejó en el rostro de ambos; se descubrían por primera vez y, sin embargo, parecían estarse esperando con satisfecho cumplido, como recién salidos del misterio de las apariciones.

—Maestro… ¿cuántos años me lleva? ―interrogó la niña.

—500 años, hija mía —afirmó mientras cogía algo de su bolsa—. ¿Ves esta pipa?

—¡Yo sé quién lo ha matado Maestro Tupayachi! —exclamó Anastasia Petrovna apenas sin oírlo mientras se arrodillaba frente a él.

El Maestro sonrió.

—Quiero que la tengas… —dijo el anciano a la vez que colocaba la pipa en sus manos―. Llegará el día en que habrás de merecer, y entonces comprenderás que el conocimiento a veces es tan ciego como la ignorancia.

—Serán vencidos sus enemigos, yo se lo juro, Maestro.

— Juchuy allpa, sumaq allpa… Hazte amiga del viento y de los ríos imposibles. No disputes a nadie su espacio de existir. Y no dejes nunca de recoger armonías del aire ―le aconsejó.

—¿Cuándo volveré a verlo Maestro Tupayachi?

—Cuando observes sabiendo todo lo que es y todo lo que ha sido.

—¿Se negará al entierro, Maestro?

El Maestro cerró los ojos por un breve instante y se quedó en silencio. Parecía estar escuchando, comprendiendo los susurros del viento. Sin dolerse, como si no percibiera lo cerquita de la muerte, igual que obedeciendo un mandato de siglos, respondió:

—En las faldas del Cerro recomenzaré mi lucha y nadie habrá de callarla.

—Respire, Maestro… respire sobre la Tierra limpia. Cuando yo deje mi niñez, iré a buscarlo ―dijo Anastasia Petrovna.

Se oyó el eco de la voz disolviéndose entre los sobresaltos del agua. ¿El viento se detuvo?

El viejo Maestro dejó de fumar y, como si regresara del tiempo sin tiempo, acalló su visión extrayéndola en el momento justo, intacta, para que no se le fuera a malograr en su recuerdo.

Luego… sintió un bramar como de tempestad.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera
APUNTES DEL CUADERNO: «WENU KUSHE»

Pintura de Lidia Wylangowska

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SOBRE CAPARAZONES DE SHIRÚI https://cms.letraweb.org/en/sobre-caparazones-de-shirui/ https://cms.letraweb.org/en/sobre-caparazones-de-shirui/#respond Thu, 15 Feb 2024 06:17:41 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2316 Continuar leyendo]]> Llegado el momento, con el rostro enrojecido por el esfuerzo, el brujo acomodó el cuerpo de la mujer sobre los caparazones rugosos de los shirúi. Cuesta abajo, hacia la encrucijada del Pazco, cerca del Campo de los Muertos, las noticias iban y venían.

Sonajeando con una güira seca, Pelé comenzó a moverse en círculos alrededor de ella al tiempo que entonaba el canto:

Koyway kamakoq werakocha
Nokapaq kasganta
Muchuyrispa
Manaraq hatun llakita tarpushaqti
Yawamuywan
nispa

Fortalecida su potencia de mirar, y entre un humo de tabaco viejo, decidió que ella, a pesar de su avanzada edad, viviera para procurarse descendencia. Luego cogió un cuchillo y lo calentó al fuego.

—Hay que limpiar la sangre —murmuró mientras se hincaba de rodillas sobre un tronco grueso y cortaba la piel amoratada del tobillo de la mujer envuelta en fiebres.

Luego, con sumo cuidado, chupó y, apretando firme, escupió el veneno. Alzándose, por los caminos del adormecimiento, una mariposa amarilla, en una espiral de retroceso, sobrevoló los batientes ennegrecidos de la puerta del traspatio.

Distraído de sus reflexiones por los quejidos y la voz quebrada de la hembra, se dejó caer a su lado remembrando la boca de la cueva donde creyó respirar de alivio, los vientos asediados por lluvias que cruzan los altiplanos y hasta las cerrazones de los valles que envían sus existencias a través del enigma de todos sus secretos.

—Los dos lo vimos, Pelé —dijo la mujer en tono de reproche.
—Más allá de nosotros llueve todavía el agua triste de los muertos de sed ―apuntó el brujo sin mirarla.
—Lo que me debilita son estas visiones ―se quejó ella.
—Lo que te debilita es no llegar cuando tenías que llegar ―le reprendió.
—Si ya moriste de niño con tu abuelo… ¿por qué me salvas?
—No bajes tus defensas… mujer —arrulló el hombre mientras encendía las velas apagadas.

La sombra del brujo creció sobre la pared del fondo, hacia el sur. Allí, donde los niños tiraban las monedas de cobres viejas, cantando como adultos. La voz, fuera de la garganta, se ahogó en un gemido cargándose de ímpetus por las tablas astilladas del rancho.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera
APUNTES DEL CUADERNO: «WENU KUSHE»

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