Escritores Amigos – Letraweb https://cms.letraweb.org/en Blog de Literatura y Arte Mon, 29 Jan 2024 04:05:13 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://cms.letraweb.org/wp-content/uploads/2022/11/cropped-icon-32x32.png Escritores Amigos – Letraweb https://cms.letraweb.org/en 32 32 «Tierra: Universo Mágico. Cuentos de Seres Extraordinarios» https://cms.letraweb.org/en/tierra-universo-magico-cuentos-de-seres-extraordinarios/ https://cms.letraweb.org/en/tierra-universo-magico-cuentos-de-seres-extraordinarios/#respond Mon, 22 Jan 2024 00:38:07 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2291 Continuar leyendo]]>

Leer la obra de mi querido amigo Víctor Morata siempre es una grata experiencia. Nos conocemos desde el año 2008, cuando tuvo la amabilidad de concederme una entrevista para mi espacio virtual: Miss Artes. Desde entonces he seguido su trayectoria literaria con especial interés. Cuando en aquellos años llegaron a mis manos los cuatro libros de su “Universo Mágico. Cuentos de Seres Extraordinarios” no pude menos que asombrarme ante su extraordinaria capacidad creativa y sentí una profunda admiración ante su desempeño como escritor.

En estos días he vuelto a leer la nueva versión de «Tierra», y he de decir que he disfrutado la lectura tanto o más de lo que disfruté en su día. Este libro está formado por 31 relatos y cada historia asume como protagonista a una criatura mágica perteneciente al elemento tierra (hadas, trolls, elfos, duendes…) transportándonos a un universo en el que lo extraordinario se enlaza con lo cotidiano. Es a través de los ojos de sus protagonistas que somos testigos de su gran influencia en el mundo que nos rodea al desafiar nuestros límites y expandir nuestra comprensión del universo por medio de la magia, el misterio y el poder oculto que yace en lo más profundo de la tierra.

Víctor emplea unas descripciones tan detalladas y precisas que permiten que el lector pueda construir en su mente una imagen visual completa y clara de las escenas descritas. Su narrativa tiene la capacidad de despertar sensaciones y emociones, de modo que las situaciones y sentimientos vividos por los personajes se sienten reales y cercanos. Tal es el caso de los relatos: «Corazón de piedra» y «Adiós, amigo árbol», por citar dos ejemplos, que consiguieron humedecer mis ojos. Se puede apreciar, además, el trabajo previo de documentación e investigación realizado por el autor para elaborar cada una de sus historias con base a mitos y leyendas del folclore popular, pero contadas desde un enfoque diferente. En ocasiones, incluso, Morata aflora la parte más noble de lo que podría ser el lado oscuro de sus personajes.

Este libro, querido lector, cumple la doble función de entretenimiento y significado, pues más allá de su corte fantástico, nos invita a desafiar nuestros límites y al mismo tiempo nos recuerda la fragilidad y belleza de nuestra existencia terrenal. Por otro lado, hay frases que son para atesorar en la memoria a través del tiempo, por la sabiduría que encierran y su lección de vida.

Un libro altamente recomendable para todos aquellos que se atreven a mirar más allá del estrecho ángulo de nuestra comprensión humana.  

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

Acerca del autor

Víctor Morata (https://linktr.ee/victormorata) es autor de más de 350 relatos cortos, 40 microrrelatos y 13 novelas. Ganador del VII YOESCRIBO DE RELATO y finalista del XXIX DOMINGO SANTOS DE NOVELA en 2022, entre otros. Ha publicado relatos en antologías de TOMBOOKTÚ, DH, EL PAÍS LITERARIO y HOLOCUBIERTA y también en fanzines literarios como el de HORROR HISPANO o LA GÁRGOLA. Ha publicado en revistas como INSOMNIA o VOCES. Ha participado en proyectos colaborativos como la novela de LA HISTORIA DE ALMOS.

También ha colaborado con reseñas literarias en páginas como PROPERA PARADA: CULTURA y LA JUNGLA DE LAS LETRAS.

Voz, junto al escritor Eric Luna, del podcast FICCIÓPATAS (https://linktr.ee/ficciopatas) que se emite cada domingo.

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GRACIAS, DIANA DE MARIBEL ROMERO SOLER. https://cms.letraweb.org/en/gracias-diana-de-maribel-romero-soler/ https://cms.letraweb.org/en/gracias-diana-de-maribel-romero-soler/#respond Sun, 30 Apr 2023 03:30:06 +0000 https://cms.letraweb.org/?p=2031 Para Jacky, todo talento y corazón.

Con mi afecto…

Maribel (Agosto del 2021)

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Maribel Romero Soler: «El vacío que dejas». https://cms.letraweb.org/en/maribel-romero-soler-el-vacio-que-dejas/ https://cms.letraweb.org/en/maribel-romero-soler-el-vacio-que-dejas/#respond Mon, 16 Aug 2021 21:19:00 +0000 https://cms.letraweb.org/maribel-romero-soler-el-vacio-que-dejas/ Continuar leyendo]]>

La excelente escritora española Maribel Romero Soler gana el segundo premio del certamen Esperanza Spínola con un bellísimo poema dedicado a su madre: «El vacío que dejas».

EL VACÍO QUE DEJAS

El vacío que dejas

no lo llena la lluvia

ni todas las primaveras que faltan por venir.

 

Es un brazo partido,

un ojo que mira pero no ve,

un corazón al que cada día le duelen los latidos.

 

Se quedaron tantos te quieros

sin alcanzar la libertad.

Tímidos.

Atrapados en una enredadera que crece

entre el estómago y la garganta,

muy cerca del órgano que me da vida,

la vida que me diste.

 

Ahora es inútil.

Los muertos no oyen,

no necesitan escuchar llantos

o arrepentimientos.

No tienen memoria ni rencor

ni tiempo para detenerse en pequeñeces.

 

El vacío que dejas, madre,

es un pozo profundo

lleno de nada

en el que me ahogo cada vez que descubro que ya no estás.

Maribel Romero Soler (Elche, 1966).

Licenciada en Derecho. Actualmente trabaja en el ámbito de la integración social. Ha sido jurado de certámenes literarios y colaboradora de radio y prensa escrita. Participa en charlas y encuentros literarios en colegios e institutos y ha impartido cursos de Escritura Creativa. Es autora de libros de literatura infantil y juvenil, y también para público adulto. Ha obtenido diversos premios y reconocimientos literarios, principalmente en relato y novela. Fue la finalista del Premio Azorín de Novela en 2010 y finalista del Premio Edebé de Literatura Juvenil en 2014, entre otros. Tiene obra publicada tanto en España como en América Latina.  Con el poema “El vacío que dejas”  ha conseguido recientemente el segundo premio del concurso de poesía Esperanza Spínola.

 

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Cuando ese corazón se apague no habrá razón para seguir existiendo… https://cms.letraweb.org/en/cuando-ese-corazon-se-apague-no-habra-razon-para-seguir-existiendo/ https://cms.letraweb.org/en/cuando-ese-corazon-se-apague-no-habra-razon-para-seguir-existiendo/#respond Mon, 19 Jul 2021 18:49:00 +0000 https://cms.letraweb.org/cuando-ese-corazon-se-apague-no-habra-razon-para-seguir-existiendo/ Continuar leyendo]]>
Por Víctor Morata Cortado
Todo empezó con un gran terremoto que estremeció cada partícula de la superficie terrestre y las personas se asustaron y suplicaron al cielo, cada uno a su dios, clemencia y salvación. De los que no perecieron bajo los escollos de la civilización urdida con hormigón, acero y cristal, muchos salieron a las calles, la mayoría levantadas en sus cimientos y desquebrajadas, como invitando a bajar a los infiernos, anunciando el Apocalipsis sin remisión y dando posibilidades de renunciar al pecado y redimirse. Los falsos predicadores llenaron los rincones más inhóspitos del planeta. Los débiles de corazón se unieron a ellos con la esperanza de ver eludidas sus responsabilidades y obligaciones, de sentirse protegidos ante un ente líder que rigiera la comunidad creada. Los fuertes trataron de hacerse con el poder por este u otros medios más hostiles, utilizando armamento de alto calibre. En cualquier caso, tras aquel temblor, el mundo no fue igual y, durante el poco tiempo que duró la rebelión de las masas, surgió de las entrañas de los hombres un afán por la supremacía que debilitó las relaciones humanas en demasía.
No pasaron más de tres semanas hasta que otro gran seísmo pareció invadir la superficie y a sus más de seis mil millones de seres humanos. Sus vidas se vieron más en peligro aún que en el primer aviso, pero no recapacitaron acerca de los actos cometidos entre ambos cataclismos. No fueron más que el inicio. En este segundo movimiento de las capas tectónicas, la Tierra produjo un crujido intenso desde el corazón mismo y pareció que el mundo se desquebrajaba por todos lados. El que había obrado mal temía por su más allá y el que no, temía por su vida y la injusticia de verse morir habiendo sido un buen siervo del bien. No había distinción entre la generosidad y la avaricia, entre el odio y el amor. Todos fueron recluidos en un mismo saco, como fichas revueltas en una rifa o un bingo. Ahora faltaba la mano inocente que las fuera sacando una a una para determinar sus destinos.
Después de este segundo temblor, sucedió lo inimaginable. Sintieron una voz profunda que les hablaba en un idioma irreconocible que al tiempo resultaba familiar. Como un viejo amigo que trata de explicarte algo en un lenguaje extraño para ti. La voz, que oyeron todos los habitantes, estuviesen viviendo la noche o el día en cada uno de los extremos, resonó con dureza y les pesó sobre los hombros un sentimiento de culpa que no entendían. Sería el mismo Dios que les recriminaba todos los actos impuros cometidos a lo largo de la historia, sus crímenes y atentados contra el propio ser humano, sus hermanos, o contra la naturaleza… había tantas cosas por las que sentirse desgraciado y ruin. Pronto descubrirían que no era el altísimo el que bramaba desde la inmensidad de los cielos con la furia bíblica del Antiguo Testamento. Sin embargo, lo descubrirían justo antes de perecer.

Los quejidos de la superficie fueron más sonoros y hubo uno, al final, que se hizo más extenso e hizo que la Tierra se tambalease. Entonces los que estaban a oscuras por la noche, vieron el día hacerse en un instante y notaron que el Sol quemaba más que nunca, aún en esa época en la que el invierno se mostraba crudo e inclemente. La nieve se derritió y los calores comenzaron a subir la temperatura general hasta romper los termómetros. En otros lugares, en cambio hacía frío o mucho frío, pues donde tan sólo hacía frío, fuese una u otra época del año, el agua salía congelada de las fuentes y grifos y las tuberías se reventaban, pero donde arreciaba el frío con furia como si fuera uno de los polos, las personas hubieron de acomodarse con estufas al máximo y con la mayor celeridad, pues en cuestión de horas suponía la muerte instantánea por congelación. Era un caos climático al que no encontraban explicación. Era de día en todas partes del planeta y el Sol, más o menos cercano, era visible por todos. Después de treinta horas en ese estado de confusión, con la luz eterna del día que no mermaba, algunos científicos descubrieron que el cielo había cambiado de posición con respecto a la Tierra, sin caer en la cuenta de que podía haber sido al contrario. Algunas zonas del planeta también se vieron cortadas por límites que invitaban al espacio exterior con sólo poner un pie fuera de la superficie terrestre. Las brújulas se volvieron locas y los relojes de Sol no constituyeron más que una reliquia inservible del pasado. La voz seguía sonando en una letanía que llenaba a todos de temor. Entonces descubrieron que la gravedad les afectaba de forma diferente a todos. Unos pesaban más de lo que solían y les costaba caminar y, otros, se sentían flotando hasta el punto que se elevaban hacia el Sol y jamás volvían. El final de los que se iban era claro, pero no menos trágico que el que les esperaba al resto.
Los más avispados propusieron teorías que apuntaban a una restauración del clima mediante la inversión de los procesos que habían destruido las zonas verdes del planeta. Sin embargo, era demasiado tarde, sobre todo ahora que parecía estar todo del revés. Otros se lanzaron al abismo de los límites alegando que de esa manera llegarían a cumplir los designios de Dios, que había llegado el fin y era hora de acudir al origen. Los gobiernos decidieron, por una vez, invertir su economía en algo que no tuviera un fin bélico e investigaron los sucesos de los últimos días. Los descubrimientos fueron asombrosos y desistieron de informar a la población hasta que no supieron a ciencia cierta que no había remisión ni redención posible. Entonces los medios de comunicación hablaron y ofrecieron las imágenes de los satélites que habían conseguido redireccionar para mostrarles una visión clara del planeta y su actual situación. Miles de millones permanecieron pegados a las pantallas de sus televisores y lo que vieron les heló la sangre. Al principio, pensaron que se trataba de un fotomontaje o alguna broma de mal gusto. Era lo que querían creer, pero no era así. Muchos no lo soportaron y dispararon sus armas contra sí mismos o se lanzaron desde las azoteas. El miedo les había aprisionado y no encontraron otra salida. Pronto, el que no acabara quemado, terminaría congelado y, el que no, a saber, qué destino le esperaba, sin duda, mucho más horrible.
La imagen era simple. Una masa oscura, del tamaño de tres planetas alineados, ofrecía su aspecto antropomorfo y amenazante. A la altura del corazón, un punto luminoso e incandescente brillaba con furia, pero con inevitable camino de la extinción. Se estaba apagando aquel corazón. No entendieron al principio, al menos hasta que otra imagen les iluminó el otro lado. Y en ese otro lado estaban ellos, los humanos. La Tierra, Gea, la Madre Naturaleza, se había abierto como uno de esos insectos de cien patitas que se acurrucan sobre sí mismos convirtiéndose en una bolita impenetrable. Era un ente vivo, con conciencia propia y, comprendieron, la dueña de la voz que habían estado escuchando. Ahora sabían lo que les decía. Les estaba diciendo adiós. Les estaba echando en cara su pésima disposición al bienestar climático y la preservación de la naturaleza. El corazón era el núcleo del planeta y, ahora, se estaba apagando. La televisión siguió emitiendo estas imágenes durante días, cada vez con ese corazón menos luminoso. Un día, lo vieron apagarse, la Tierra había muerto. Y, los que quedaban aún vivos, no tardarían en seguir el mismo camino.
El que ellos mismos habían creado.

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THALIAD https://cms.letraweb.org/en/thaliad/ https://cms.letraweb.org/en/thaliad/#respond Sun, 28 Mar 2021 22:42:00 +0000 https://cms.letraweb.org/thaliad/ Continuar leyendo]]>

 

Por Orestes Girbau Collado

(Cuento de Ciencia Ficción)

 

Sentíase profundamente solo. Había perdido toda noción del tiempo. No comprendía el hecho de encontrarse ahí sentado sobre una piedra hacía ya una eternidad. Al menos eso le parecía. El lugar era un pinar cuya forma, junto al frescor de una noche sin Luna, ofrecía la visión impresionante de un paisaje conocido de antaño y hasta entonces olvidado.

El sonido producido por los jóvenes árboles al acariciarlos la suave brisa, creaba en él un raro presentimiento. Una inexplicable nostalgia apoderábase de su ser. El vacío lo ahogaba. Si, aún respiraba, sólo eso lo diferenciaba de un muerto.

Fue entonces cuando en lo alto del firmamento apareció de repente un OVNI.

Al principio observó una luz amarilla que relampagueante lo iluminó todo en derredor. No supo si la iluminación provenía de lo alto o de algún punto situado en la superficie circundante, pues en unos pocos segundos la noche se convertía en día. De pronto todo cesó, surgiendo del cielo una masa brillante color cenizo de aspecto gelatinoso y contorno fusiforme que se acercaba lentamente hacia el sitio en que él se encontraba.

Sobrecogido de pánico, trató de huir, pero una repentina parálisis redujo a cero todas sus facultades. Hasta sus propias pupilas quedaron fijas mirando aquel objeto venido quién sabe de qué rincón del infinito. Estaba prácticamente hipnotizado.

Para ese momento el cuerpo enigmático se encontraba tan cercano, que le impedía ver estrella alguna. El silencio, la oscuridad total reinó y el miedo fue sustituido por una misteriosa y agradable calma. Estaba controlado.

El OVNI lo cubría todo en su alrededor. Se sentía aletargado, absorbido.

Sumido en un negro abismo, con la mente en blanco proyectada hacia la nada, llegó el mensaje telepático.

-«Soy Thaliad, vengo de un punto del espacio que no me está permitido todavía decirte. No temas, yo misma te traje hasta aquí bloqueándote la memoria.

 

– La sensación que experimentas dejará de ser un obstáculo, pues borrando todo sentimiento negativo de tu mente lograré proporcionar la energía necesaria a la misma, cumpliendo la misión asignada por el Consejo Superior Científico de mi planeta ante esta alternativa que tu siquismo me plantea.

– Como nada sabes, primeramente, he de decirte la verdad. Somos seres tan evolucionados biológica y psíquicamente que no podemos jamás mentir. Estamos aptos para comprender todas las verdades que el Universo encierra. Es así, simplemente, LA VERDAD ES LA BASE DE NUESTRA CIVILIZACION.

– En los viajes exploratorios que realizamos a la Tierra, me asignaron la hermosa Isla a que perteneces, para estudiar en todos los aspectos a sus habitantes, el clima de ciertas zonas con microfallas magnéticas, flora, fauna, minerales y plataforma marina.

– Investigamos, llevando a cabo un método de trayecto, que algunos hombres de Ciencia en tu mundo han bautizado como sistema lineal ortotenia. Dentro de este marco investigativo nuestros ojos telecaptores recibieron una sorpresa al percibir la imagen de tu cerebro. A propósito, te comunicaré que, por un accidente bioeléctrico ajeno a nuestra voluntad, poco frecuente e incomprensible ahora en tu persona el subconsciente tuyo ha captado mi imagen, y al sincronizarnos he estado a punto de destruirte, volatizándote.

– De lamentable pudiera catalogarse, si no fuera porque aumenté lo resortes de capacidad extrasensorial que posees, haciéndolos funcionar y pudiendo equiparar mutuamente nuestras mentes, Pero sucedió que, al dejar libremente proyectar tu nueva condición mental, esta se convirtió en fuente de peligro inminente para ti, tus semejantes y también para mí.

Con voz pausada proseguía diciendo Thaliad sus verdades.

– A ti, porque con ese grado de elevación paranormal puedes convertir a todo el que te rodea en juguete de tus vibraciones. Esto es algo que debo impedir a toda costa, ya que, elementalmente, estás constituido de productos carbonados evolucionados a medias no equiparables a tu nueva amplitud sensorial. Tus homólogos en imagen y semejanza que conviven contigo, no comprenderían lo que te estaría sucediendo, y al tratar de hacerlo, lo harían por un camino equivocado, descentrándolos directamente unas veces y otras indirectamente, sicológica y sociológicamente, con solo mirarles, hablarles o pensar en ellos.

– He de comunicarte que al lograr extraer de tu cerebro todos los resortes negativos que ocupaban el mismo, ocurrió algo singular: descubrí que tu psiquis estaba llena del más puro amor hacia la mujer que amas, por lo que has provocado que ese sentimiento se nivelara al mío. Accidente doblemente asombroso el tuyo y el mío. Me equivoqué, pensé que todos los nativos de este planeta, incluyendo los que conviven contigo, no eran tan sensibles a tales eventualidades debido a su naturaleza evolutiva actual.

– Mi situación resulta inexplicable, convirtiéndome en tu anhelo ya perdido, y he venido a buscarte. No tienes otra opción. Comenzaremos una nueva vida. He hecho que te teletransportes a mi trasladándote a nuestro nuevo hogar después.

La onda telepática seguía fluyendo en la mente de Filiberto Pérez.

– Ahora no ves nada, sólo me escuchas. Cierra tus ojos. Puedes hacerlo.

– Cuando los abras de nuevo estarás en mi planeta y en el tuyo. Descubrirás que no has muerto, que tampoco soñabas. Conocerás al fin que existe nuestro mundo, donde el amor se antepone a todo lo demás. Disfrutarás de muchos valores espirituales inherentes a nuestra actividad emprendedora dentro de la escala cósmica, conociendo que la misma tiende constantemente a transformarse en energía vital positiva dentro de la dimensión a la cual pertenecemos.

– En tu medio tridimensional coexistente con el nuestro en un mismo sistema, es lógico que no puedas ver nuestra energía potencialmente superior como no sea esta que viste anteriormente, ajena en su composición a la de ustedes.

– Todo en nuestro Universo es armonía. hay infinidad de mundo paralelos, donde moran seres como nosotros. No somos fantasmas. Lo que algunos en ocasiones por tu planeta de origen han avistado durante distintas épocas de la historia, no son más que proyecciones holográficas reflejando formas vivientes que trabajan constantemente por propagar el progreso y la felicidad.

– La paz obtenida, es consecuencia de la verdad alcanzada. Comprendes esto ahora porque asimilas esa paz pronto en tu corazón. Nada puede ni podrá acabar las primaveras que poseemos hace milenios.

– Perdonarás este rapto en la misma medida que la humanidad sabrá algún día perdonarnos por todos los ralizados desde su pre historia.

– Deben saber que el hecho de tener ideas elevadas por la acción de nuestro trabajo psíquico evolucionado, no significa tampoco que tengamos a veces errores en nuestra tecnología y Ciencia. Estos son ocasionales y no debido necesariamente al mecanismo utilizado para atravesar el hiper espacio, sino porque somos seres cuyo desarrollo puede alterar las condiciones de vida en tu planeta.

– Los terrícolas por sí mismos alcanzarán algún día ese grado de valores y capacidades. Nosotros solamente habremos de ofrecerles de ciclo en ciclo, mensajes de unidad, paz y amor, y la dialéctica en nuestra Ciencia, que en contadas ocasiones pueden ustedes visualizar, porque venimos de un cosmos físicamente diferente y por tanto las personas que viven en el mismo plano que tú no pueden vernos, oírnos o palparnos. Para ti todo será distinto en cuanto abras los ojos».

Tardó en abrir sus ojos, recelaba aún. Thaliad parecía haber callado definitivamente.

Movía ahora todo su cuerpo, salvo sus párpados que los mantenía a voluntad cerrados. Le aterraba tener que ver de nuevo aquel OVNI.

– «Ven, te lo mereces y debemos» le dijo una melodiosa voz femenina al oído.

Cuando liberó sus pupilas, un paraíso le rodeaba. Aquella gelatina sin geometría definida no estaba: sencillamente , estaba ella.

– Eres Thaliad, ¿verdad?, preguntó lleno de emoción y alegría.

– Si, contestó ella rápidamente.

En ese preciso instante Thaliad también emocionada sonreía.

El extendió su mano, acarició la blanca piel de su bello rostro y el largo cabello de ébano.

 Después se perdió en lo profundo de sus ojos negros para siempre.

 

Semanario Yumurí, Matanzas, Pág 2.   30 de Abril / 1988

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Prólogo al Libro de Poemas: “Recuérdame” de Esteban D. Fernández https://cms.letraweb.org/en/prologo-al-libro-de-poemas-recuerdame-de-esteban-d-fernandez/ https://cms.letraweb.org/en/prologo-al-libro-de-poemas-recuerdame-de-esteban-d-fernandez/#respond Thu, 14 Jan 2021 23:19:00 +0000 https://cms.letraweb.org/prologo-al-libro-de-poemas-recuerdame-de-esteban-d-fernandez/ Continuar leyendo]]>  

Por Horacio De Stefano

Buenos Aires, mayo del 2016

¿Cómo presentar un libro de poesía?… ¿cómo describir el vuelo de una mariposa o el yunque de un herrero?

¿Cómo presenciar el nacimiento de los frutos?: ¿desde las manos del labrador?, ¿desde la grieta de la tierra fértil?

¿Cómo presentar un libro de poesía?

Se habla de un autor, de su alma rebelde y a la vez dócil. Se habla de los versos, libres de ser, pájaros… el canto del alma, el rugido del amor en cada verso.

Seguramente ambos elementos, autor y obra, están mucho más ligados entre sí de lo que puedan especular o decir de ellos estas palabras.

No imagino ahora la importancia de un prólogo, pues sólo puedo dimensionar entre vislumbres el camino que se abre a partir de las páginas siguientes… quizá esto sea un simple acompañamiento que, imposiblemente, pueda dragar la profundidad de dicho camino, las páginas verdaderamente necesarias.

El amor del poeta… la piel de la poesía…

Fuego y lluvia, eso será cada poesía en su más noble decir.

Polvo y viento el poeta, sólo eso, nada más y tanto, en la colonia de sueños y realidades que lo atraviesan.

De poco y nada serviría intentar descifrar los laberintos que lleva la mariposa en su vuelo… y es que tampoco existe un servir en descifrarlos, debemos pues explorarlos con los sentidos. Y es el impresionante acto de quedarse uno inmóvil, inmovilizado y flotando, observando semejante belleza… una de las maravillas de nuestra naturaleza: el vuelo de la mariposa, el alma del poeta, el yunque del herrero.

Y él lo sabe, pájaro de alas de seda, porque eso mismo es su poesía, el espíritu sin fronteras que fascina al amador que lo observa y lo inmoviliza, con brisa en el cuerpo, flotando, mientras libera todo el caudal de su frescura.

 

Agua y fuego… el río y el volcán, que es tierra y también humo que danza en el viento.

Y el poeta lo sabe. Y entonces, mariposa inquieta, pájaro de alas encendidas, sale a volar su poesía.

Entre el amor y la piel nunca existen las distancias… 

 

Para visitar el blog de poesías: “Sueños al Pairo” de Esteban D. Fernández sigue el siguiente link:

http://www-dreams-alpairo.blogspot.com

 

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Prólogo al Libro de Poemas: “Inscripciones del Tiempo” de Esteban D. Fernández https://cms.letraweb.org/en/prologo-al-libro-de-poemas-inscripciones-del-tiempo-de-esteban-d-fernandez/ https://cms.letraweb.org/en/prologo-al-libro-de-poemas-inscripciones-del-tiempo-de-esteban-d-fernandez/#respond Thu, 14 Jan 2021 23:16:00 +0000 https://cms.letraweb.org/prologo-al-libro-de-poemas-inscripciones-del-tiempo-de-esteban-d-fernandez/ Continuar leyendo]]>  

Por Víctor Morata Cortado

Murcia, 19 de mayo del 2016

Soy enemigo de los prólogos. Sólo en los últimos tiempos. Antes tenía un concepto diferente de ellos. Pero soy consciente de que un día éstos subrayaron mis textos bajo la impresión de otros a los que considero talentosos escritores. Por esa deuda pendiente tal vez y por la amistad que me une a quien me pidió que lo escribiera, este prólogo existe.

No soy poeta, aunque hubo un tiempo en que me consideraba escritor de versos y gasté cientos de palabras y un buen puñado de papeles en dejar constancia de ello. Eran tiempos en que vivía enamorado del amor, en que era un muchacho doliente al que las estacas se le clavaban una y otra vez en el corazón, agujereándolo como un castigo, agrietándolo hasta hacerlo pedazos o jirones o lo que sea. Destrozándolo. De mis enamoramientos, que exaltaban mis pasiones y turbaban mi percepción del mundo hacia colores vistosos, y de mis decepciones, que lo teñían todo de negro pesimismo, surgían mis versos. En esa montaña rusa de emociones y sentimientos que llenaban páginas y páginas como desahogo del alma. Pero no. No soy poeta. Sólo viví creyendo hacer poesía. Por eso me sorprende que se me haya pedido hacer esto. ¿Qué puedo decir yo de versos y rimas? Nada. Eso se lo dejo a los eruditos y entendidos. De lo que sí puedo hablar es de la evocación.

Cuando yo escribía poemas de amor y desamor no pensaba en la rima ni en intrincados artificios y estructuras, sino que me valía del sentimiento que se destilaba de sus versos. Lo que evocaba para mí y para otros era lo importante, porque en el propio vómito impulsivo de su creación veía yo la impronta de mis emociones. Sólo así veía fidelidad a la hora de traspasar la carne y la mente para depositar mi alma sobre el papel y que otros, acaso, lograran entender y vivir a través de mis palabras. Si hablo de todo esto es porque Esteban D. Fernández posee ese lenguaje visceral que nace de dentro y se instala con cierto dolor en la hoja en blanco, para llenarla de matices e impresiones nacidas de la soledad, la tristeza o la exaltación del amor, pero que pasan, además por conceptos más complejos que incluyen mitología, filosofía y religión.

 

Tiene el autor tendencia a perseguir sombras en sus versos:

  

                                                                     No juegues a perderte dentro de tu sombra.

                                                                                                                     Del otro lado

También alcé mi voz inútilmente

ante el horror de ver el horizonte

faltándole al paisaje,

destejiendo su tinte en las esponjas

–las mismas–

que suprimieron el signo a mis preguntas

haciendo del fulgor astillas de cien sombras.

El loco

 

Yo he sentido lo distante de un día

deslizarse en la lumbre que enciende la nostalgia,

unas pocas visiones descifrar el misterio

por donde pasarás, aunque no vayas,

la sombra del ahora

creciendo en la mirada de lo que no permanece.

Lo distante de un día

 

                                                                            deje escapar la sombra de inclemencia

                                                                                       del reverso de nuestro porvenir.

                                                                                                         Visión en el umbral

 

Son sólo algunos ejemplos, pero se ve en ellos la terrible querencia del autor por esconderse en esa oscuridad, esa necesidad de huir del mundo y al mismo tiempo llegarse a él a través del amor. Porque ante todo se trata de una oda al amor por una mujer a la que a veces casi consigue alcanzar y, sin embargo, la mayoría ha de contentarse con la ilusión con la que se prendan los sueños Hay en Esteban una necesidad abrumadora de ser amado por esa mujer a la que le implora un acercamiento íntimo que vive del recuerdo a veces y otras del deseo. No faltan en la poesía del autor las referencias místicas, las alusiones al más allá y al mundo de los espíritus y el acercamiento a lo oculto.

 

                                                                               alfabetos roídos por la invisible grafía

                                                                                                      de arcanos imposibles.

                                                                                             Inscripciones en el tiempo

 

Ya todo es después den los conjuros…

tu vuelo fue soborno dos veces en lo inefable.

[…]

Tal vez sea imposible llegar al otro lado sin el oro del rastro que te dejaste aquí… entre la ausencia del que

parte desde su nacimiento a lo logrado…

Tu vuelo

 

                                        Partir lejos del ruido.

Hacia el signo del monje.

Donde la tierra se hace seno

y raja el horizonte.

Irse de uno mismo

abandonando lo ilusorio de la forma. Fugarse de la carne inexistente

y del eje absurdo de los huesos hasta encontrarse con aquel

que puebla nuestro espejo.

Hacia el signo del monje

 

Ningún guardián en el umbral al rojo dio paso a lo perdido

en el brillo de la creciente noche;

pero alguien despliega la ceremonia del misterio

para erigir la llamarada tenida en lo invisible de todo poderío,

 reclamo que viste de fortuna a los

desnudos del ahora oculto en la mirada del arcángel.

Inscripciones en el tiempo

 

En estos y otros versos se alude a la inutilidad de las posesiones materiales, al precepto religioso de que nada de lo que hay aquí en la tierra será llevado a los cielos, que todo lo que permanece y perdura no se cuenta en onzas de oro ni cuentas de diamantes. Sino que se trata de algo más sutil y etéreo. Así y todo, Esteban no puede evitar que de sus palabras se desprenda esa pátina de tristeza perenne, de oscuro pesimismo que se escapa aun cuando intenta alimentarse de ilusión y esperanza. En muchos de sus versos se ve esa tendencia de forma abierta, en otros sólo se puede intuir por el cariz que toman sus palabras o por la intención que llevan impresa.

 

Ni el alto muro de los huesos impedirá el derrame

de todas las hambrunas y miedos nacidos de tu sangre,

que sellan cualquier versión de ti donde exiliarte.

La parte de la soledad

 

¿De quién sino esas rosas,

marchitas, sin relevo,

en medio del estruendo de tu corazón

partido por el rayo de ese talismán

al que llamas pérdida de todo porvenir?

Lo distante de un día

 

 

Aunque cierres los ojos y veas más allá del recuerdo de entonces

es inútil no ver lo que la noche pacta

 en tus dominios de triste acaudalada; porque hora tras hora se

multiplica la desdicha huésped de tus lágrimas,

y tus posesiones todas, se trizan como polvareda que el tiempo

levanta, demasiado evidente, en el desierto de existir,

enfrente del espejo que escribe el rostro de la desconocida

que ya eres para ti.

[…]

En un dolor a oscuras permanece, cautiva, la herida del adiós.

Del otro lado

 

 

Habitantes de la legión del más allá;

de los encadenados a la tierra

de los que no han de volver más

de los que no han venido aún.

Shamballa

 

¿Cómo nombrar el idioma de ese ángel perdido,

esa raza de infierno donde caes?

Exilio

 

Las referencias son abundantes a lo que hay de uno y otro lado, las miserias del alma humana y la tristeza del que se encuentra atrapado en un lugar que considera lejano de sus anhelos o que no le corresponde. Esteban D. Fernández atraviesa las puertas del mítico Shamballa lo mismo que abre las puertas del más allá o las del cielo y el infierno en busca de sus ángeles, los de uno y otro lado. Todo justifica su fin último, su prioridad que no es otra que la mujer amada, aquella a la que no pone nombre y que podría ser una o mil, ¿quién sabe en qué momento le sorprendieron estos versos y a quién iban dirigidos? Su prosa me recordó a mis lecturas juveniles de los poemas de Edgar Allan Poe y también aquellos otros de Charles Baudelaire, por intrincados y oscuros, por sufridos de amor. Pero ya advertí al comienzo que yo no soy poeta y seguro que las referencias del autor son diversas y mucho más variadas de lo que jamás lo puedan ser las mías. Así pues, concluyo diciendo que Recuérdame constituye un bello despliegue de versos a pesar de la nostalgia y melancolía que rezuman. En ellos uno puede recordarse lo efímero de la vida y la futilidad de todo aquello que durante ésta acumulamos. Esteban ensalza el amor por encima de todas las cosas, sea a través de la pérdida, el recuerdo, la tenencia o el anhelo, está presente en casi toda la obra. Conviene realzar su aspecto evocador. De rimas y asonancias yo no entiendo, ni de ritmos ni estructuras y puede que tampoco de belleza poética, pero he aquí que estos versos han evocado en mí todo aquello de lo que he hablado antes de llegar a esta última palabra.

 

Para visitar el blog de poesías: “Sueños al Pairo” de Esteban D. Fernández sigue el siguiente link:

http://www-dreams-alpairo.blogspot.com

 

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Cárcel de mayores…

¿Qué hubo brother? Tira el jolongo por ahí y acomódate… que esto, es pa’ largo. Yo soy Santana, Carlos Santana. ¡Hombre que no es broma! Pero sin líos man, que la superestrella y yo, lo único que tenemos en común, aparte del nombre, es la guitarra. Mira, a ver cómo te explico. El socio que tengo dentro y yo, no somos la misma cosa; estamos juntos pero no revueltos. Él, no tiene nombre ni reputación y, como dice el dicho: «Dime con quién andas y te diré el resto». ¡Mira que se ha metido en líos el cojonudo éste! Pero, ¿qué puedo hacer? Ando con esta cruz a cuestas desde hace treinta y cinco años. Me tiene la autoestima hecha un pingajo; pero, a fin de cuentas, la convivencia no es asunto fácil, y menos, cuando se trata de uno mismo. 
 

El “Santana” lo heredé del puro. La familia siempre pensó que era un apellido bendecido, ¿tú sabes?… supersticiones y esas cosas. En cambio, el nombre, sufrió una suerte de azar. Primero querían ponerme Pedro Santana, por un político dominicano; luego, Manuel Santana, por un tenista español; pero al final, ni Pedro ni Manuel, al diablo los dos. Uno, porque el puro se enteró que la República no prosperó bajo su mandato; y el otro, si bien al final triunfó, en cierto modo, empezó siendo un recogepelotas; así, que a resumidas cuentas, no quisieron marcar mis bolas de esta forma. Fue tiempo después, cuando se enteraron del éxito del guitarrista, que el puro afinó la puntería y se casó con mi madre de penalti. Ya en este punto, el “Carlos” me había quedado tatuado.
 

Aquí guardo una foto. Sí, no hay problem man, ríete. Por esta época tenía… déjame ver… dos años y unos meses. ¿Viste el tacho? Tal parece que me electrocuté. Chama mío y juro que lo desconecto. La guitarra de al lado creo que fue encargada junto con el espermatozoide. ¡Tremendos crazy mis puros! ¿Eh? Yo no recuerdo nada de esta etapa, pero el papel no miente y menos con esta traza.
 

A los puros los perdí con doce años. ¿Sabes? Murieron en un accidente automovilístico. Parece que el puro se fue del aire, y se salió de la carretera. Cayeron en una cuneta, allá por el interior. Dicen que me salvé en tablita porque ellos pensaban llevarme en aquel viaje; pero después, no sé qué pasó. Así, que mírame aquí. ¡Qué cosa man! La vida es un carajo. Estuve meses sin poder pegar un ojo en toda la noche. Excepto Nancy, toda la familia se había ido pa’l Yuma cuando el Mariel. Al tiempo que los puros dejaron este mundo, yo dejé de creer… no tuve fe en más ná. No solo me dejaron huérfano de padre y madre, con rabia hacia Dios y el peso de este nombre; sino también, bajo la tutela de Nancy. La muy perra acabó permutando nuestra casona de Miramar por un cuartucho de solar allá por la Habana Vieja; y luego, se sopló la astilla con el querindango dejándome más limpio que una patena. Lo único que me quedó man… fue la guitarra.

Como a los quince años conocí a Gina D’ Ángelo. ¡Qué clase de hembra la muy salá! Brother… imagínate a la mujer de tus sueños con más curvas que mi guitarra y con nombre de película. Ella era traductora de Inglés y la jeva de Ezaquiel, un marinero de raza, de la raza de los cornudos el muy cabrón. Man… por eso yo lo digo, con el material take care; te haces el listo y ¡zas!, te dan. Pero Gina no era mala mujer, me consta; eso sí, fogosa como ninguna la H.P.  
 

Nos conocimos en el cumpleaños de santo de un socio mío. Unos gringos venían filmar la cuestión y ella era la traductora. Brother… parecía una diva, por no decir, una diosa. Mi socio le lanzó unos disparos, pero ¡qué va!, ella lo planchó. ¿Sabes? Eso me gustó. Aunque entrando en talla loco… a mí, ni me miró. ¡Mira que le metieron balas! Le descargaron toda la artillería pesada, pero ni pestañeó. Nadie se la pudo llevar.
 

Esa misma semana volví a verla, en casa de Beba.
 

La vieja era la costurera del barrio, un poco lleva y trae, pero tremenda pura. Brother… imagínate que saliendo por la puerta de su casa con un pantalón a golpe de parches y zurcidos, entró Gina. Nos cruzamos en el mismísimo pasillo y ni me reconoció. Volví atrás como una flecha y me clavé detrás de la puerta como una estaca. Me quedé en white. No se me ocurría nada para volver a entrar. Fue la primera vez que la vi en pelota y, ¡qué pelota! Beba, con el centímetro, le medía aquí y allá; casi me da un patatús. Yo ya me había tirado unos cuantos cascos del barrio en aquel entonces; pero Gina era carne de primera, parecía una de esas estrellas porno que me llegaban clandestinas.
 

Rajé dos de los parches que puso Beba en el pantalón y toqué la puerta. «Pasa» dijo. Cuando entré ya Gina tenía puesto el vestido; pero brother… a partir de ahí, mis ojos disparaban ráfagas de rayos x. «Pura, me fui a poner el pantalón y voló el parche» le solté. «Mijo, te dije que este pantalón ya está muy pasado; pero bueno, déjalo ahí y ven más tarde a buscarlo a ver qué puedo hacer… pero no te aseguro nada, acuérdate que yo soy costurera no maga», me dijo. Me quedé parado mirando a Gina; sabía que debajo del vestido estaba tal y como vino al mundo. Comencé a sudar. «Santanita, ven más tarde», dijo Beba. «Sí, pura», dije y me fui. «Santanita ni Santanita… yo soy Santana ¡coño!, Carlos Santana», pensé.
 

Sin darme cuenta di tremendo portazo. Y entonces, como quien no quiere las cosas, pegué el oído a la puerta y escuché mi nombre. «¿Cómo el guitarrista?», preguntaba Gina. Beba dijo otra cosa que no entendí y volví a escuchar su voz. «¡Pero qué vulgar es!», le escuché decir. Brother… fíjate bien, no un cubo de agua, torpedos de hielo fue lo que me disparó. La cosa se me complicaba. El problem ya no eran los veinte años de diferencia entre “nos”, sino también, mi jerga. Enfilé por ese pasillo como si tuviera un guisaso en el culo acabado de prender.
 

Entré al cuartucho del solar y me tumbé en el catre. Atrás vino Nancy con su jodedera y la mandé al carajo. No estaba pa’ nadie. ¡Al diablo esa jeva!, pensé. ¡Qué tanta palabrería ni ocho cuarto! Venir con ese prisma. Lo que necesita es candela a ver si se le quita la bobería esa. Cuando vino buscándome Vivian la volé con ella. Le eché un buen palo y luego la corrí. Gina no se me quitaba de la cabeza.
 

Miré el reloj y habían pasado dos horas.
 

Volví a casa de Beba a buscar el pantalón. No más tenía dos: el que llevaba puesto y aquel. Cuando llegué la puerta estaba abierta. Beba me vio desde la cocina y me dijo: siéntate. Vi el pantalón donde mismo lo había dejado y con los mismos huecardos. Me encabroné con la pura man… tengo que reconocerlo. Pero luego vino con un papelito doblado y me lo dio. Esta es la dirección de Gina, la muchacha que estaba aquí cuando viniste ¿recuerdas? Ve a su casa que ella te va a resolver unos pantaloncitos de medio palo que eran de su marido. Ofendido le devolví el papel. «No pura… no, desmaya eso, a mí no me hace falta lo del brother ése». «No sea así Santanita; Gina lo hace de buena fe y mira que con eso vas tirando por un tiempo». «Si me hace un favor pura, no se me ponga brava… pero no me diga más Santanita». «Ay mijo, pero si yo te lo digo de cariño». «Sí pura, pero yo no estoy acostumbrao a la mariconería ésa… y me disculpa la palabra». «Está bien, no te lo digo más; pero, ¿vas a ir o no?» «Ya veré… pura, deme el pantalón». «Nada de eso, déjalo aquí; si resuelves te lo llevas, sino, yo te lo arreglo».
 

Brother, enfilé de nuevo por ese pasillo, pero en vez de con un guisaso, con una bala de cañón. No me pude aguantar y fui directo al house. ¡Qué pantalones ni que mierda! Fui detrás de ella.
 

Vivía como a once cuadras del solar, en un edificio. En los bajos había varias casillas. D’Ángelo, apartamento trece, leí. No esperé ni el elevador. Subí esas escaleras como alma que lleva el diablo. Toqué el timbre. Gina me abrió en bata de baño. Me quedé mirándola con cara de carnero degollao. «Pasa y siéntate», dijo y se perdió tras una puerta. Entré y brother, ¡tremendo gao! Estaba montado del pi al pa, con todo. De pronto, me acordé de nuestra casa de Miramar… de los puros… y me cayó un gorrión del carajo.
 

Debajo de la mesita de centro había un libro abierto con algunas partes señaladas. Cogí el bolígrafo y en el papelito de la dirección copié el título y el autor. El apellido del socio que lo escribió era Tostón o algo así. Recuerdo que pensé que los que le meten a la talla esa de la escritura tienen raro hasta el nombre.
 

Gina se demoró un poco pero volvió a salir en bata de baño y con un bulto en la mano.
 

«Santana ¿no?», dijo. «Sí, yo soy Carlos Santana, un placer». Claro brother… le tiré palabritas de película para entrarle. Ella me miró extrañada. «Gina D’ Ángelo», respondió seca. «Mira, aquí hay dos pantalones sin estrenar y dos de uso que están casi nuevos. ¿Qué talla usas?», preguntó. «La treinta y dos», contesté. «Es la misma que usaba mi esposo, así que estás de suerte. Él casi siempre está de viaje y mucha ropa se le queda nueva… cuando vuelva a ordenar el closet, veré si hay algo más». «No se preocupe, con esto tengo», le dije radiografiándola. «Bueno, ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer», dijo caminando hacia la puerta. «Sí, no tenga pena… ya me voy y muchas gracias». Brother, salí de allí todo un “Don” y olvidando el “Nadie”. Ya le tenía la chapa cogida. Lo demás, era cuestión de time. 
 

Volví a mi búnker man, tiré el bulto en el catre y me tumbé mirando al techo. Esa mujer me tenía crazy. El fogón estaba más frío que un muerto y el refrigerador sin jama; pero ni me encabroné, yo estaba happy. Cuando abrí el bulto, brother, no supe cuáles eran los pantalones de uso y cuáles los nuevos. Con decirte, que renové la percha con dos Jordache, un Armani y un Fariani. 
 

Después de eso no volví a verla en un año. Ella se había pirado para República Dominicana por una onda de la pincha. En ese tiempo aproveché y le pregunté a un socio mío que le sabe a esas cosas, sobre el libro aquel que estaba leyendo Gina. El brother era un intelectualito y de verdad le metía al efecto. Enseguida supo quién era el socio que había escrito aquello. El tipo resultó ser bolo y famoso. El letradito me contó la cuestión por arribita y enseguida me identifiqué con el tal Vronsky y le metí caña al asunto. Le pedí prestado el mamotreto para echarle un ojeo. Y en verdad la historia estaba en talla, al menos, las partes que entendí. Lo que menos se imaginaba mi bella Gina era que algún día viviríamos nuestro propio drama, yo, su Vronsky-Santana y ella, por supuesto, la protagonista infiel, mi Ana D’Ángelo. 
 

Pero resultó man, que a los dos días que Gina llegó de Dominicana, su marido llegó de Portugal y no pude empatarme con ella. Solo la vi dos o tres veces pero de lejos. Su frecuencia nada tenía que ver con mi onda; por eso, nunca iba a ser una coincidencia encontrarnos. Nos movíamos en señales muy diferentes a no ser, claro está, que yo la persiguiera.
 

Como a los tres meses de su regreso me metí en un lío con unos brothers del barrio, y nos cogieron metiendo las manos in fraganti. El bolsillo estaba sin balas y pidiendo auxilio y este tipo de jeva no era de tres por kilo como los cascos; así que me arriesgué man… y me la aplicaron. Estuve en el tanque el tiempo suficiente pa’ que el marido volviera a pirarse y ella se quedara alone. 
 

Por Beba me enteré que estaba buscando quien le pintara el apartamento. Estábamos a principio de diciembre y ella lo quería en talla antes de navidad. Entonces la cosa se me pintó más fácil de lo que yo pensaba. Le dije a Beba que estaba pasmao y que necesitaba pincha. Me dijo que aprovechara y fuera a ver a Gina al otro día que ella lo tenía franco, a ver si todavía no había conseguido a nadie. «Ella duerme la mañana, así que no te aparezcas muy temprano», me advirtió.
 

Brother… estuve sentado en la escalera de aquel edificio desde las cuatro de la madrugada hasta las nueve de la mañana. Cuando me levanté no me sentía las piernas y hasta el culo me cogió calambre. Toqué el timbre como diez veces y entonces ella abrió media dormida. «Buenos días», le dije. Se me quedó mirando como si no me reconociera. «Santana, ¿se acuerda? Carlos Santana», le dije. «¡Ah! ¿Qué quieres?», preguntó. «Beba me comentó que estaba buscando quien le pintara el apartamento, y yo conozco a la mejor brocha del barrio», le dije. «¿Sí? ¿Quién?», preguntó. «Pues este servidor… yo», le contesté con una risa idiota. «¿Por eso me despertaste a esta hora?», preguntó enojada. «Disculpe, pero Beba me dijo que viniera temprano antes de que se fuera para el trabajo», mentí. «Hoy lo tengo franco», dijo molesta. «¡Ah! Disculpe, mejor vengo en otro momento». Viré en seco a punto de machacarme la cabeza y entonces preguntó: « ¿Cuándo podrías empezar?» «Right now», dije volviéndome sobre las suelas. Ella medio que se sonrió. «Bueno Santana, ya que me despertaste entra». Brother, no lo pensé ni una vez y cuando cerró la puerta ya yo estaba acomodándome en el sofá. Enseguida vuelvo, deja cambiarme de ropa, dijo y volvió a desaparecer tras la misma puerta de la otra vez.


Como a los diez minutos apareció con una agenda en la mano. «Bien, vamos a discutir los términos de tu contratación. De tu trabajo requiero dos cosas: rapidez y calidad», dijo. «Trato hecho», me apresuré a decir. «Como bien le dije ahorita soy la mejor brocha del barrio», afirmé. «Si puedes con estas dos cosas, vamos a fijar el precio. Si haces el trabajo en más de siete días, te pago quinientos pesos; si lo haces en una semana te pago mil. ¿Estamos de acuerdo?», preguntó. Brother… en cualquier otro momento poniéndome el fusible, hubiera pintado aquello en dos días para cobrar dos mil, pero para qué decirte otra cosa, lo único que quería, era estar al lado de ella aunque tuviera que hacer la pincha gratis y no jamar en un mes.


Continuará…



Términos empleados en el lenguaje callejero:


Pura: Madre

Puro: Padre

Balas (1), Astilla: Dinero

Balas (2):Piropos

Tanque: Cárcel

Bolo: Ruso

Casco: Mujer poco agraciada

Tacho: Pelo

Chama: Niño

Yuma: Estados Unidos

Gringo: Americano

En pelota: Desnuda (o)

Voló el parche: Se rompió el parche

Palo: Sexo

Chapa: Dirección, Ubicación.

Búnker: Casa

Jama: Comida

Percha: Ropero

Pincha: Trabajo

Caña: Interés

Jeva: Mujer

Pasmao: Sin dinero

Pirarse: Irse

Pingajo: Desastre



Esteban D. Fernández

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Mi Habana I y II https://cms.letraweb.org/en/mi-habana-i-y-ii/ https://cms.letraweb.org/en/mi-habana-i-y-ii/#respond Thu, 18 Aug 2016 18:27:00 +0000 https://cms.letraweb.org/mi-habana-i-y-ii/ Continuar leyendo]]>

 Por Ricardo Pla

Mi Habana

Lo bueno de La Habana es que cabe en un bolsillo. El hecho de que quepa en el corazón de cada uno de nosotros es un eufemismo, que a esta altura de la vida no me voy a dar el lujo de evocar por razones obvias de salud.


La Habana puede ser así de pequeña, siempre que pensemos que para volar solo basta llevar un puñado de nubes en los bolsillos.


La Habana pesa cual monedas de cambio, el cambio fragmentado en nuestras vidas cuando decidimos cambiarla; unos por Madrid, otros por Miami, unos hasta por Sydney. De cualquier forma, ya nunca más el cambio será uno por uno. Hay quien ganó un futuro. Hay quien perdió un pasado.


La Habana abulta tanto como las llaves de lo Vedado, la llave que Cerró el Paseo, el simple andar por la Playa, mientras fueses cubano, que importa si fueses blanco o si fueses negro. OH! Si fueses negro; que importa entonces un 10 de Octubre. Las llaves del control, de la Regla a seguir que luego quebrantamos y suplimos por llaves de una Ciudad Libertad, sin importar dónde.

La Habana es el sudor salado en nuestras manos cuando hace frío, como el salitre de un muro muy largo con unas olas enormes.

La Habana es el polvo entre las uñas, el que mordemos a diario en nuestro miedo a vivir sin recordarla.

 

 Mi Habana II (La Puta)

Mi abuelo fue zapatero toda su vida. Una profesión común que le ganó respeto y le propició dinero para educar a sus hijos, a pesar de su raza. Mi abuelo, con esa sapiencia que la vejez otorga, solía decirle a mi madre y esta a su vez, siempre me lo repetía: “El capitalismo tiene muchos defectos, pero el comunismo tiene más.”

“En esta puta ciudad, todo se incendia y se va”
Fito Páez. Ciudad de Pobres Corazones.




De todas las ciudades del mundo, la más puta sin dudas ha de ser La Habana. Una puta con principios, como la doble moral con que ha vestido sus calles por más de un siglo, con sus ángeles y sus demonios. Puta iletrada y pitonisa, que supo ver que entre el 59 y el 69 hay algo más que una diferencia de 10 años, más que el placer oral de los discursos; hay algo más allá de una sugerente posición de cambio. El 59 dio fin a muchas cosas malas (como decía mi abuelo negro); en el 69, ya no había remedio…se iba de mal en peor. Puta capitalista o proletaria, en esencia, La Habana sigue siendo la misma ciudad.

Una ciudad zalamera que le ha abierto sus piernas a todo aquel que se anime a hacerla suya, a vivirla a pesar de tantos años de arquitectura congelada y medios básicos, pero sin venderse por ello al mejor postor. La Habana abre sus piernas a diario, para dar luz a una raza libre y esclava de su suerte.

La Habana de los habaneros. Un ser romántico, genéticamente comemierda que se queda a morir en su Habana, y aun en el exilio, libre al fin, muere irremediablemente preso de su ciudad, porque esta se hace indisoluble en la memoria.

La Habana es una puta venérea, de coito visual, de sensaciones más allá de la piel y el tiempo, sin ánimo de curas ni misterios, salvo los cientos de millones que la engendran.

Por eso lejos de ella, en otra puta ciudad, pero sin corazón como la mía, me atrevo a pensar: ¿Cómo será La Habana después de La Habana?

Quizás sea un lugar de reencuentro y esperanzas y recuerdos, de cuando solía ser tan fácil y difícil, tan joven y tan vieja, tan nuestra y de tantos, la muy puta.
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La dama de la fuente… https://cms.letraweb.org/en/la-dama-de-la-fuente/ https://cms.letraweb.org/en/la-dama-de-la-fuente/#respond Mon, 04 Jul 2016 14:33:00 +0000 https://cms.letraweb.org/la-dama-de-la-fuente/ Continuar leyendo]]>

    
    Demasiadas mujeres como ella habían sido encantadas, unas veces por su propia voluntad, otras tantas como castigo por las obras que realizaran a disgusto de terceros. Pero había demasiadas repartidas por todo el mundo. En las historias que oía contar a los excursionistas, había descubierto la extensa tradición que existe en torno a ellas aquí y allá. Fayettes en Francia; fenettes en los Alpes Occidentales; lamiñaks en el País Vasco francés; alojas y encantadas en Cataluña… y así podría seguir, enumerando los diversos nombres por los cuales se las conoce. No obstante, había uno en concreto por el cual nadie podía admitir confusión alguna y por el cual siempre se las conocía allá donde se mentaran, eran ante todo Damas de las fuentes.

     La leyenda de cada una de ellas siempre solía arrastrar una triste historia con un cruel final que ya no había manera de enmendar y a la cual quedaban atadas de por vida a no ser que alguien las desencantara. Esto solamente podía ocurrir un día de los trescientos sesenta y cinco que cubren el año, pero las horas que medían esta posibilidad se reducían a la noche, a una noche mágica, la de San Juan. En esas horas nocturnas, los mundos se cruzan y la posibilidad de liberarse del hilo de oro que les ata al fondo de las fuentes y, en definitiva, a su encantamiento, se hace patente. Estas damas de las aguas o espíritus de la naturaleza, como a veces también se las denomina, son corrientes en el Norte de España, Francia y en toda Europa, en lugares donde la naturaleza se mantiene viva y radiante, aislada de la civilización y el contacto humano. Para estas damas supone una cárcel, a veces impuesta y, otras tantas, elegida por ellas mismas para eludir cualquier retazo de su memoria que pueda ser rescatado de sus recuerdos más dolorosos.
    Quien tiene el privilegio o la desgracia, según se mire, de encontrarse con una de ellas, bien podrá observar su innegable belleza. Todos coinciden en destacar sus cabellos dorados dando sombra a unos espléndidos ojos verdes, atormentadores, y su figura que se muestra traslúcida, dejando ver a través de ella la profundidad de la naturaleza que se extiende a su alrededor. Si bien su anatomía adquiere solidez en la noche de San Juan, son los menos quienes disfrutan de esta imagen opaca. Quien se cruza en su camino con estas damas, brujas o hadas, lo hace normalmente muy cerca de donde se encuentra su morada, pues el hilo dorado que las retiene no les deja un radio de acción muy amplio. Ellas eligen su propia prisión, su propia fuente, y sus virtudes y poderes con respecto al agua que de ella mana son totalmente controladas por estos bellos seres.
   Ella, que había olvidado ya el nombre por el que la llamaran en su vida humana, se encontraba ansiosa por la noche venidera, la de San Juan que se encontraba cerca. Soñaba con la posibilidad de ser liberada pero, al tiempo, su imaginación se perdía intentando recrear una vida fuera de aquellas aguas y no conseguía más que enfurecerse al darse cuenta que, si no podía apenas recordar su vida anterior ni los motivos que la habían recluido allí, ¿cómo podría empezar una nueva vida siendo lo que antes fue? No lo sabía, pero en su fuero interno brillaba la llama de la humanidad que aún le quedaba, el calor del sentir humano. Vagamente pudo desbastar sus recuerdos para rescatar entre la ganga una débil imagen de aquel que amara siglos atrás, su hombre. Una cara confusa se mostraba ante ella costándole retenerla por mucho tiempo, sin llegar a adivinar unos rasgos precisos que le infirieran una personalidad real. La dama había sufrido su encantamiento a raíz del abandono, su hombre había marchado un día, sin más, y no lo volvió a ver nunca. Los días habían pasado como lápidas que albergaban los pedacitos de su alma que iban muriendo poco a poco, hundiéndola en la tristeza más absoluta y privándola de los placeres que la vida pudiera otorgarle por otros medios. Hastiada y sumida en la soledad, sin reparo y dolida hasta la médula, abandonó su hogar y se dirigió al bosque. Allí donde una fuente brotaba, ella hundió su mano y, bebiendo sus aguas, admiró la belleza, paz y pureza que la fuente transmitía, y la envidió; quiso ser aquello que veía y el encantamiento se produjo. No fue fuente, pero quedó atada a ella para siempre. Cada vez que el agua fluía, se llevaba consigo un trocito de dolor, un pedazo de futuro inconcluso, de sueños, de miradas, de nostalgia… poco a poco, la memoria se fue volviendo efímera y solamente podía pensar en la tranquilidad que la naturaleza colindante le brindaba. Pero lo cierto es que, en el fondo de su corazón, había algo que persistía y se resistía a morir, luchaba contra la naturaleza mágica del ser en el que se había convertido, impidiendo que su amor perdiera terreno ante el olvido. Pero al final, el sentimiento se había vuelto opaco, sabía que estaba ahí, pero no comprendía los motivos ni el origen. De vez en cuando, en las proximidades de la noche de San Juan, cuando su cuerpo dejaba de ser una transparencia, su corazón se mostraba rebelde y latía con tanta fuerza que podía oís sus latidos como gotas de lluvia en una cueva, entonces las imágenes se sucedían como destellos breves que le punzaban dolorosamente pero no daban claridad a su sufrimiento.
   El destino, así de juguetón como es, quiso que un larigot llamara su atención con su encantadora melodía y, siguiendo las notas que emitiera, se aproximó a uno de los matorrales cercanos a la fuente. Con las manos, separó delicadamente los matojos, dejando un hueco libre para asomar la cabeza. Un pastor joven se hallaba sentado en una roca. Estaba solo, no había rebaño, pero reconoció en él el aroma de su oficio y los atuendos en los que se encontraba encamisado. Lo miró con atención, encontró en él rasgos familiares que no supo asociar. Rasgos que el tiempo se había llevado en el olvido. Su corazón palpitó fuertemente sin sentido aparente. Lo observó largo tiempo, de forma abusiva, como queriendo retener aquel momento por el resto de sus días. No solía pasar mucha gente por allí y, cuando lo hacían, evitaban acercarse a la fuente por temor a cualquier tipo de magia que pudiese condicionar sus vidas. El muchacho parecía, por el contrario, bastante tranquilo. Antes que la noche cayera sobre el bosque, el joven pastor se levantó y se fue. La dama lo siguió con la vista hasta que la maleza hubo borrado sus sombras. Una pequeña punzada en el pecho le hizo soltar una lágrima que se unió al caudal de la fuente. Recordó entonces que no era la primera vez que sus lágrimas se mezclaban en las aguas de aquel manantial. Tan pronto como hubo advertido este hecho, con la misma rapidez que se avino a ella, se marchó sin más. Únicamente quedó en ella ese sabor amargo y seco de la sed no saciada, esa pastosidad y dificultad de tragar. La congoja se hizo manifiesta en ella. En ese momento deseó que el muchacho volviese al día siguiente.
     No supo si su poder había sido el causante de la vuelta del pastor al día siguiente, pero se alegró de verle de nuevo. Volvió a entonar una dulce canción que resultaba extrañamente familiar a la dama prisionera. Sin embargo, no podía recordar, solamente sabía que le gustaba aquella música y la disfrutaba henchida de felicidad. Día tras día, el joven deleitaba con su cadencia a la encantada y raudo aconteció que un ardor fue creciendo en su pecho. Sabía que pronto llegaría la noche mágica y había decidido poner a prueba al joven para que intentara liberarla; de nuevo tenía ganas de ser humana, tan sólo por sentirse junto a aquel que despertara en ella tan profundos e inexplicables sentimientos.
     El día de la noche de San Juan, el joven pastor no vino, como de costumbre, recién entrada la tarde. La dama conoció la desesperación y rabió por dentro; caminaba rápidamente de un lado a otro, rodeando la fuente, pensando en los motivos que podían haber llevado al muchacho a desertar de su faena diaria. Temió no volver a verlo jamás. Otro flash asomó a su mente, el del abandono que sufriera justo antes de verse atada a aquella fuente. Se evaporó, dejándole una amarga sensación. La angustia empezaba a emerger lentamente, como un licor que se destila a fuego lento. Pero todo su malestar se esfumó repentinamente cuando llegó a sus oídos un sonido de ramas no muy lejano. Se asomó por donde tenía costumbre y allí estaba él. Esta vez su perfume era diferente… olía a agua de rosas y su atuendo se mostraba distinto, más elegante de lo que solía. Sacó su pequeña flauta y entonó, una vez más, aquellas melodías que tanto le gustaban a ella. Entonces, la noche se vino lenta, dejando poblar el cielo de estrellas con calma. La dama se miró detenidamente mientras su cuerpo se solidificaba. Se miró las manos que perdían transparencia, sus pies desnudos ocultando la hierba bajo ellos. El joven seguía allí. Ella apartó los matojos que hasta entonces le habían permitido robar las notas de aquella música a escondidas y se aproximó al joven con cautela. El pastor se volvió sin dejar de tocar. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el muchacho cesó su melodía y le sonrió ampliamente. Ahora, el sentimiento de familiaridad del muchacho había crecido sobremanera. Se sentía muy cercana a él. Entonces, el pastor miró con ternura el tobillo de la dama y apreció el cordón dorado que la ataba. Se agachó y rozó delicadamente su pie. Entonces agarró el hilo y lo siguió hasta la fuente con cuidado de no romperlo. Una vez frente al origen del manantial se asomó estudiando el fondo. Tiró cuidadosamente del hilo hasta que el extremo salió del agua. La dama estaba libre por fin. Entonces, el chico se acercó a ella y la abrazó. Se separó unos centímetros y acarició su cara.
    −Estás tan bella como te recordaba Amor mío –dijo el pastor con una lágrima asomando sin llegar a brotar.
    −¿Lucio? ¿Eres tú?  –su mente volvía a recobrar los recuerdos perdidos por los años, poco a poco las incógnitas se fueron transformando en afirmaciones – Eres tú, eres tú… – y se echó a llorar henchida de felicidad
   −Sí, Amor mío, Evangelina… soy yo… – y la besó con dulzura.
     Ambos salieron del bosque cogidos de la mano. Lucio explicó a su amada que siglos atrás, cuando él marchara con el rebaño hacia el pueblo vecino, fue sorprendido por una cuadrilla de malhechores que pretendieron robarle. Ante este suceso, Lucio no pudo más que defenderse a golpe de bastón. La mala fortuna quiso que los ladrones estuvieran al servicio de un poderoso brujo y el joven pastor fue hechizado y condenado durante trescientos años bajo la forma de piedra en el mismo camino en el que le sorprendieran. Así, el tiempo pasó y, mientras él soportaba la condena de no volver a ver a su amada, Evangelina sufría de pena y acababa encantada entre las aguas de aquella fuente. El destino quiso que, cuando Lucio despertara del encantamiento, encontrara a su amada, y fueron diversas las señales que le avisaron de la ubicación de aquella que quedara abandonada sin previo aviso. Los pueblos se hacían eco de leyendas e historias que bien le habían servido al muchacho para averiguar el paradero de Evangelina, pues muchos contaban que un espíritu de la fuente había surgido de la pena de un abandono y la descripción de aquellos que la habían visto se aproximaba con fidelidad al recuerdo que él tuviera de su amada. No obstante, la capnomancia que el pastor había aplicado tantas veces para prever un buen pasto o el tiempo venidero también había sido de gran ayuda a la hora de localizar a la encantada. Sabiéndose olvidado por el encantamiento, Lucio se propuso ponerse al alcance de la vista de su amada para evocar en ella el sentimiento que antes se profesaban y así propiciar la cadena de acontecimientos postreros. Así fue que visitó las cercanías de la fuente, sabiéndose observado y rescatando, poco a poco, el sentimiento que el corazón de la muchacha aún albergaba entre penumbras. Habían pasado muchos años desde que ambos se separaran, pero ahora toda una vida les quedaba por delante, en un futuro totalmente desconocido para ellos y al que procurarían amoldarse de la mejor manera posible, pero siempre, siempre, bajo las alas de aquel Amor tan profundo que había sobrevivido a lo largo de los siglos y que les acompañaría por toda la eternidad. 

Víctor Morata Cortado

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