Del tacto Acércate despacio a mis dominios;que tus dedos tanteen el espaciociegamente, la oscuridad que envuelvemi cuerpo; que construyan un caminoy lleguen hasta mí a través del veloespeso y taciturno de las sombras.Sálvame con la luz que hay en tus dedossi me tocan, conjura la desidia,enciéndeme o abrásame en el tactoesplendoroso y claro de tus
Habremos perdido hasta la memoria de nuestro encuentro… y, sin embargo, nos reuniremos para separarnos y reunirnos de nuevo, allí, donde se reúnen los hombres muertos: en los labios de los vivos. Samuel Butler.
Por Martha Jacqueline Iglesias Herrera Transcurre el año 1885, cuando el abad Berenguer Saunière ocupa su cargo en una parroquia pobre del Alto Languedoc, una zona al sur de Francia cargada de leyendas y las huellas de viejas herejías. Tras su nombramiento se esconde el misterioso Priorato de Sión, que tiene planeado encomendarle una ardua
Era ella esposa de la distancia y los sustentos. Era una ausencia cómplice en el umbral de los días. Cautiva de sus miedos de lirios y margaritas blancas sembró las pulsaciones quebradas de sus lunas. Era él la savia intraducible de la costumbre. Traía un sueño sin nombre a cuestas un velero escorado
Virgilio nuestro de cada verso, testifica los nervios y la sangre, los tercos sudores de las almas sepultadas bajo los alaridos de la miseria. Luego palpa estos huesos azorados; di si son ciertos, si una fuga, si dos espejos valdrían el desabrigo de una muerte. Testifica esa grave penitencia de la voz para que las
Por Vladimir Iglesias Acercarnos a la obra del Pintor Denis Nuñez constituye de inicio un juego de efectos , la misma sensación que nos atrapa al abrir de golpe la única ventana de una somnolienta habitación hacia la claridad del día; una figuración realista que atrapa al espectador, virtuosismo técnico y una esmerada factura son
Puede que la felicidad se esconda entre las hendijas de esta hora pulcra insobornable que enjuaga las lágrimas de mi esqueleto. Han revivido dentro de mí todos los relojes y hoy me sobra tiempo para escarbar las sombras del recuerdo. Hablo del reino de la noche -oh noche, descosida luz que desnuda sus
Entonces la soñé desnuda. Era fuego su piel y ardía entre mis manos como un delirio (luego supe dónde escondía los colores de la risa, dónde su mirada escarba y se detiene). Y le anduve los gestos, la voz, aquella anchura tallada en sus caderas… Y en una esquina del vientre le descubrí
Un murmullo de trenes amonedándole las vías a la noche. Y me voy yendo sobre mi propia ausencia, de espaldas al paisaje, desdibujaba hasta borrarme o hasta encontrarme de nuevo. Los puentes… ya no sostienen mis pasos ni se arquean sobre el río, sus sombras se recuestan y se hunden en el vientre de